La ética no se diluye en cianuro

por Javier Hernández Álpizar.

La empresa minera tiene mucho dinero para publicar su verdad en donde quiera. Los defensores del medio ambiente no.

“Actúa de tal forma que los efectos de tus actos sean compatibles con la permanencia de la vida humana genuina”. (Hans Jonas, tomado de la revista Conspiratio No. 13.)

La minera “Cardel”, uno de los seudónimos de las empresas canadienses GoldGroup Mining y Almaden Minerals (el otro seudónimo es Candymin SA de CV, con el que ingresaron a la Semarnat una Manifestación de Impacto Ambiental para la explotación de oro y plata en los Cerros de La Paila y Las Cruces, en el límite de los municipios de Alto Lucero y Actopan, Ver., a sólo tres mil metros de la Central Nucleoeléctrica Laguna Verde), por medio de su director general, el ingeniero Rick Irvine, ha cuestionado mi “ética periodística”, en respuesta a la entrevista que hice a Emilio Rodríguez Almazán, integrante de la Asamblea Veracruzana de Iniciativas y Defensa Ambiental (LaVida), integrante de la Asamblea Nacional de Afectados Ambientales (ANAA).

Dice la minera que pretende explotar oro a tajo abierto usando explosivos y cianuro en las cercanías de una planta nuclear que: “Es conocido el principio ético que propone al trabajo periodístico consultar a las partes interesadas en un tema controversial y verificar con fuentes confiables las afirmaciones controvertidas.”

Cierra su carta expresando: “Siempre estaremos abiertos a escuchar ideas y versiones diversas. Lo que no es válido es que se parta de obvias falsedades para generar un diálogo o un debate”. (“Ya quieren empleo en la mina Caballo Blanco”. Diario Política, martes 10 de enero de 2012, página 4, llamada en portada, en la sección de cartas “A Revolución 11” ).
El lenguaje autoritario del poder y del dinero ha caracterizado las respuestas en diarios de la minera transnacional a las declaraciones de los defensores del derecho humano a un medio ambiente sano LaVida. La teatralización que ponen en escena sus textos es “somos los expertos, tenemos el saber técnico, la ley, a las autoridades mexicanas y el espacio en los medios”, por el contrario, los defensores del medio ambiente son presentados como “personas que no saben, no están autorizadas, no son confiables”.

Ahora se atreven a acusarme de ser un periodista “sin ética”. La ética no es una propiedad privada ni certificable ante un notario público, pero es socialmente reconocida o no. Que los lectores cotidianos de mis trabajos juzguen, entre una minera que quiere detonar toneladas de explosivos a tres mil metros de reactores nucleares y yo, ¿quién lleva la peor parte en cuanto a ética?

Acusan, al entrevistado y a mí, de decir “obvias falsedades”. Si las falsedades son obvias, ni siquiera tendrían que tomarse la molestia de publicar una carta aclaratoria. Las falsedades obvias no engañan a nadie. Por el contrario, quizá no se equivocó William Blake cuando en uno de sus Proverbios del Infierno escribió: “Nunca puede ser dicha la verdad de manera que pueda ser comprendida sin ser creída.” Si ese proverbio no es del todo cierto es porque la propaganda, la repetición de un mismo discurso en muchos lugares, llega a confundir a la gente y la lleva a aceptar falsedades no tan obvias.

La empresa minera tiene mucho dinero para publicar su verdad en donde quiera. Los defensores del medio ambiente no. Son ellos quienes están en desventaja en el mercado real de los medios de comunicación. ¿Acaso la minera ha incluido los puntos de vista críticos de LaVida en sus desplegados en diarios de amplia circulación?

Por otra parte, los integrantes de LaVida son gente responsable, son una fuente confiable. Si no confiara en lo que me dicen en una entrevista, no los entrevistaría ni publicaría con mi firma lo que dicen. Por la misma razón no entrevisto a la otra “parte interesada”, porque su interés no es por la verdad de las cosas (los daños de las minas a cielo abierto en todo el mundo son un hecho incontrovertible. En México el caso de la Mina San Xavier en San Luis Potosí está ahí como doloroso ejemplo para quien quiera saber) sino por el oro, la plata, el dinero.

Respecto al periodismo que toma como bandera una supuesta neutralidad e imparcialidad (y detrás esconde la mediocridad de ser estenógrafo de los poderosos), la ética que vindico es dar espacio a la voz de quienes los poderes fácticos, el dinero, quisieran callados.

Con Günther Anders, “el filósofo de la era atómica” puedo rubricar esta expresión: “La consigna “Mi honor se llama fidelidad” es muy cuestionable. La fidelidad de por sí no es ninguna virtud. También se les puede ser fiel a los canallas (…) En ciertas circunstancias puede resultar mucho más meritoria la infidelidad, porque exige valor personal e independencia moral, cosa que no posee todo el mundo”.

La discusión de un tema que para la defensa del medio ambiente es claro, pero los empresarios extractores de oro quisieran por lo menos “controvertido” podría ser larga. Pero no todos los que opinan son los técnicos operadores de la extracción de oro.

Para fines de este artículo, me limitaré a citar una voz autorizada, la del científico Manuel Martínez Morales, quien en su artículo “Laguna Verde, riesgo latente en Veracruz” (citando un dictamen del Senado de la República que dijo “que resulta preocupante, en especial porque, en dicho proyecto minero, se recurre a explosiones constantes para conseguir los minerales”) expresó: “El dictamen es claro y Javier Duarte de Ochoa, actual gobernador del estado de Veracruz, aparentemente más receptivo a la demanda ciudadana de hacer frente al riesgo que implica la operación de la planta en Laguna Verde, ha dicho –según Lavida– que apoya la demanda de esta organización y se solidariza con la misma.

“Los hechos dirán si Duarte dará un paso más allá de lo que al respecto hicieron sus predecesores en el cargo. En todo caso, será –como ha sido en el pasado reciente– la movilización ciudadana la única garantía de que en Veracruz podamos vivir libres de riesgos y desastres ambientales.” Publicado el 2 de enero de 2012 en La Jornada Veracruz.

El doctor Manuel Martínez es doctorado (Ph.D) en matemáticas por la Texas Teach University, su formación inicial, en licenciatura, es en física. De manera que no es una persona que se impresione por quien le diga: “Sus puntos de vista son controversiales, tiene usted que buscar fuentes confiables”. Estoy de acuerdo con el físico matemático, es “la movilización ciudadana la única garantía de que en Veracruz podamos vivir libres de riesgos y desastres ambientales.”

Respecto a la promesa trillada de empleos y “derrama económica” en la región de Alto Lucero y Actopan, puedo decir, para concluir ( lo mismo que de los derrames que genera Pemex en Coatzacoalcos, donde hoy los pescadores sacan del río no peces sino petróleo) una frase del británico Gilbert Keith Chesterton: “El progreso es el cuento que les cuentan los ricos a los pobres cuando tienen un plan para despojarlos”.