Guatemala: Cuidado con la minería

Vecinos de San Rafael Las Flores, Santa Rosa, persisten en rechazar la minería en sus tierras. Saben los temibles daños que esto trae consigo. El obispo de San Marcos, Álvaro Ramazzini, es uno de los más esforzados defensores de la tierra. Sabe perfectamente los daños que causa la minería. “Si queremos la paz hay que cuidar la creación de Dios. La población está dividida por el tema de la minería”, declaró. Aquellos que han vendido sus tierras no se dan cuenta de lo negativo que resulta para la comunidad que se ha dividido. Si encuentran oro, cosa que no ha sucedido,

POR MARGARITA CARRERA, Opinión en PrensaLibre

un día se darán cuenta de los temibles daños que esto produce. El agua desaparecerá o estará contaminada. “Además, solo dejan unas migajas y la tierra dañada”. Se necesita no amar la tierra al convertirla en árida. Todo el oro del mundo no cambiará esta terrible situación.

Lo principal es la vida: plantas, animales, seres humanos. ¿Cuánto vale la vida? Ya suficiente tenemos con la contaminación alarmante que producen las inmensas fábricas y aparatos eléctricos que trabajan sin descanso. No es cuestión de decidir, es cuestión de decir un “NO” rotundo. Que las compañías se vayan a otro planeta, porque este las rechaza. “¿De qué sirve ganar dinero si pierdes la vida y no la vas a gozar?”. No hay algo tan bello como la naturaleza de nuestro planeta. Los artistas, pintores y poetas le han cantado siempre. “Me iré a la colina que está junto al bosque, me arrancaré el disfraz y me desnudaré. Deseo con frenesí que la naturaleza (la atmósfera) toque mi cuerpo… La sensación de la salud perfecta, el trinar de la luna llena, mi canto al salir del lecho y saludar al sol. ¿Has exagerado el valor de un millar de hectáreas?, ¿has exagerado el valor de la tierra?… Estoy satisfecho, veo, bailo, me río, canto…”. Palabras de Walt Whitman, el poeta de poetas. Su poesía atraviesa el planeta de punta a punta. Es de aquí, de allá y tan intensa, tan cálida y humana que se deja traducir fácilmente a todos los idiomas, pues es el corazón el que habla, es el corazón de un humano de carne y hueso que ama la naturaleza y hace de ella su fuente de inspiración.

¿Qué nos diría este poeta si infamáramos el campo, el verdor de la hierba, los árboles, los ríos, los lagos, los mares? Nos diría que eso es la muerte y que nosotros los humanos tenemos la dicha de estar en una tierra como la que habitamos.

¿Qué sería de nuestra Guatemala si permitiéramos que la minería continuara con sus destrozos de muerte? ¿Qué diría nuestro poeta Juan Diéguez Olaverri, quien canta “Oh cielo de mi patria! / ¡oh caros horizontes!/ ¡oh azules y altos montes/ oídme desde ahí./ La alma mía os saluda/ cumbres de la alta Sierra/ murallas de esa tierra/ donde la luz yo vi!”/.

Todos los guatemaltecos que amamos nuestra tierra nos hemos de pronunciar en contra de la minería. Se trata de una violación imperdonable. Pero ya hay miles de personas que van en contra de la minería. En Prensa Libre del 20 de febrero de este año salió una fotografía que retrata a los pobladores de San José las Flores sentados escuchando a monseñor Ramazzini en el parque central de la localidad.

Sin embargo, el mal viene desde lejos, ya hace seis años que se da la explotación minera en ese municipio. En este sentido la lucha debe ser más recia. Por lo menos ya han llegado otros alcaldes vecinos para apoyar el activismo contra la minería.

El señor Rudy Pivaral, representante de las comunidades, dijo que espera hablar pronto con el jefe edil para que cumpla su promesa de hacer la consulta popular. Apoyar al obispo de San Marcos, Álvaro Ramazzini y al pueblo entero en contra de que se instale una minería.

Recordemos sus palabras: “solo dejan unas migajas y la tierra dañada”. Esto no lo hemos de olvidar. La tierra es sagrada. Aún no sabemos si hay vida como la nuestra en el infinito espacio que nos rodea. Científicos y filósofos no dejan de investigar de dónde venimos y qué destino tendremos en el futuro. Lo que sí podemos comprobar es la infinita belleza de la naturaleza que nos otorga la vida.

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