Sierra Huichola ¿Y ahora uranio?

Como reportamos en la edición de julio de Ojarasca, crecen los rumores de agresivas actividades de prospección y extracción minera de oro, plata, cobre, manganeso y estaño por cuenta de empresas canadienses en el sureste del territorio de San Sebastián Teponahuaxtlán (Waut+a) en Jalisco, cercano a Nayarit. Desde hace seis meses un grupo de personas que se ostentan como representantes de la minera visitan a comuneros wixaritari en varias localidades con el fin de hacer un diagnóstico social y geográfico, además de convencerlos de las bondades de la mina.

Las reservas de manganeso estarían en Cerro Prieto (algo de lo que se habla desde fines de 2002). Si en el sur de Jalisco ha sido legendaria la cantidad de 50 tráileres diarios de manganeso que salían de los yacimientos, en este caso hablan de hasta 100 tráileres diarios, lo cual puede ser una exageración. El estaño estaría en Cerro Eslabón y el oro en Amultita, en el corazón de las tierras de San Sebastián.

Ante la situación, la asamblea de San Sebastián del 1-3 de junio, máxima autoridad de la comunidad, dijo NO A LA MINERIA, pese a que se han hecho propuestas variadas que varios comuneros entienden como un intento de corrupción directa, pues se dice que están ofreciendo hasta 30 millones de pesos a la comunidad por acceder a la explotación minera en la Sierra, y 10 millones a los miembros del comisariado.

Sin embargo, ahora el rumor se agranda por la presencia de extranjeros (hay quien dice que japoneses) que reúnen materiales para levantar un centro de población “con miras a iniciar una explotación de uranio”, lo que incluso tiene alarmados a los ejidatarios mestizos de Puente de Camotlán que comienzan a hacer preguntas de por qué llega tanta gente a la Sierra y levantan la alarma ante un eventual envenenamiento extremo de sus tierras por uranio. Y no es para menos.

Si la explotación minera a cielo abierto provoca una contaminación tremenda, los venenos, producto de la explotación del uranio incluyen gases, partículas en suspensión, residuos sólidos con diferente emisión de radiactividad, efluentes y metales pesados. Hay una gran contaminación de aguas superficiales y subterráneas con químicos y material radiactivo, los drenajes de metales pesados de las escombreras y pilas de “colas” o residuos, y los drenajes ácidos de la mina y de la roca, químicos producto de la lixiviación.

Según nuevagaia.com.ar, “hay un cálculo elemental que determina que por tonelada de uranio se generan 3 mil 700 litros de residuos líquidos y cien veces el peso del material obtenido en residuos de radio. Entre esos residuos sólidos se hallan las denominadas ‘colas’ que contienen uranio, radio 226, radio 222, cromo, vanadio, molibdeno, cobre, níquel, cobalto, hierro y distintos compuestos químicos como ácido sulfúrico, isodecanol, carbonato más hidróxido de sodio, bióxido de manganeso, etcétera. Lo que se dice una verdadera sopa química y radiactiva, verdadero coctel amenazante para el ecosistema vigente en el lugar. Los compuestos radiactivos poseen una vida media, según sean, de días hasta miles de años”.

Como informamos el mes pasado, el asunto no está concluido porque la asamblea tendrá que ratificar los acuerdos, y suponemos que en septiembre que se reúna la nueva asamblea hay una oportunidad nueva para cerrarle la puerta a un proceso de tanto riesgo y de tanta disolución social como la minería. Una vez visto el proceder de las dependencias del gobierno ante el caso de Virikuta, es crucial que la sociedad civil y otras comunidades que luchan contra la minería sepan que los intereses mineros también van por los minerales (metálicos y no metálicos) de la Sierra Huichola.

 

Fuente: Ojarasca, La Jornada