Quindío minero

Por Horacio Duque Giraldo

La Locomotora minera del Plan de desarrollo del gobierno del presidente Juan Manuel Santos avanza incontenible por todo el territorio nacional. Grandes capitales extranjeros de las principales empresas mineras (Anglo Gold Ashanti, Greystar, Cerromatoso, Carboandes, Drumond, Muriel Mining Corp) fluyen hacia Colombia. Del total de la inversión internacional hecha en los últimos 120 meses, el 14% se orienta hacia la extracción minera, al tiempo en petroleo y gas es del 22% y para la agroindustria y alimentos se destina el 9%.

Desde el 2003 la nación ha entregado 1536 títulos para explotar yacimientos de oro y hay 8.000 en trámite. El Quindío no está al margen de este modelo neodesarrollista. Estudios consolidados indican que hay 100 mil hectáreas de su territorio en concesión minera. A la fecha se han entregado 90 contratos en concesión y hay 150 peticiones adicionales de multinacionales con proyectos para exploración de yacimientos de oro, plata, platino, molibdeno, zinc, cobre e hidrocarburos. El 75% del departamento se encuentra en las proyecciones de las empresas mineras.

Al momento el más importantes es el de la mina La Colosa, localizada en la cordillera Central, pactado con la Sur Africana Anglo Gold Ashanti (de capitales norteamericanos e ingleses). La Colosa será la mayor mina de oro a cielo abierto en suramérica, en una zona de mucha sensibilidad ecológica. Las pruebas realizadas sugieren que en este territorio el oro está superficialmente disperso en un área de cerca de 515 hectáreas que incluyen áreas de los municipios de Calarcá, Pijao, Salento, Génova y Córdoba.

Todo el territorio de Pijao está en la concesión de la Anglo Gold. Las proyecciones de explotación preveen que se pasará de 12 millones de onzas de oro en el 2014 a 24 millones en el 2020. La Anglo Gold ha invertido ya 250 millones de dólares y planea a futuro 100 millones anuales durante 3 años.

Amplios segmentos de nuestra población se muestran preocupados por el impacto que tendrá La Colosa y los otros proyectos extractivos en la naturaleza, la sociedad, la economía, la política y la cultura de nuestra región. Gigantescas canteras a cielo abierto se instalarán en este territorio con grave afectación del hábitat natural y biodiversidad de la región.

Lo cierto es que la megaminería a cielo abierto por lixiviados con cianuro provoca impactos devastadores sobre los ecosistemas y los grupos humanos, y desertifica y modifica la superficie terrestre. Metales pesados y metaloides, como el cianuro y el arsénico se utilizan por toneladas, y el agua potable se ensucia por metros cúbicos. Para obtener un gramo de oro se gastan mil litros de agua por segundo. Una mina se gasta en un día de extracción el agua que consume una ciudad de medio millón de habitantes. En la áreas a explotar en el Quindío se hallan importantes especies de fauna y flora que serán lesionadas gravemente.

El uso indiscriminado de cianuro y mercurio provoca letales enfermedades.

Se afecta la agricultura y por supuesto la seguridad alimentaria. Las regalías apenas si alcanzan el 1% y se exoneran los impuestos.

Se marchitará con los años nuestra identidad territorial y la organización político administrativa será una entelequia jurásica. Mejor olvidarse de nuestro Paisaje Cultural Cafetero y preparemos el desierto minero que sobrevendrá.

 

Fuente: Crónica del Quindío