Alicia Puelo: “No puede haber justicia social sin justicia ecológica”

¿Puedes explicarme en palabras simples qué es el ecofeminismo?

El ecofeminismo es la unión entre la conciencia feminista y la conciencia ecológica, que puede darse en la teoría o en la práctica. Tiene dos formas que a veces están unidas, a veces no. Y como corriente del feminismo es minoritaria –hasta el momento-, poco conocida y muchas veces mal conocida. Digo mal conocida porque se suele identificar con el esencialismo, con un retorno a estereotipos patriarcales de mujer como naturaleza, cuando en realidad ya en los noventa –incluso en algunos casos antes- tenemos corrientes ecofeministas que están pensando en términos históricos, no en términos de mujer igual naturaleza. Pero subsiste esa identificación.

¿Y qué sería lo que tú defines como ecofeminismo crítico?

Yo he llamado ecofeminismo crítico a una posición –consciente de que todos los ecofeminismos son críticos- para referirme a la tradición crítica de la modernidad en su lucha contra la intolerancia religiosa, contra una serie de discursos de dominación que impedían el acceso a la conciencia emancipatoria. Pero entiendo que todos los ecofeminismos son críticos y que hay distintas teóricas que han planteado ecofeminismos o “ecologycal feminism” –algunas prefieren el nombre de feminismo ecológico antes que ecofeminismo para distinguirse de ese ecofeminismo esencialista- y que no tienen exactamente mis pensamientos pero que también tienen una visión histórica y no esencialista.

¿Y cuáles serían las características de ese ecofeminismo crítico?

En primer lugar una reivindicación de la igualdad de hombres y mujeres que no significa ser clónicos. O sea no significa ser individuos iguales sino que un mutuo respeto y una igualdad en el acceso a los recursos a la posibilidad de desarrollarse como personas de todos y cada uno, de todas y cada una. Yo vengo de la tradición del feminismo de la igualdad y me parece que eso hay que seguir reivindicándolo. Autonomía para las mujeres en muchos sentidos pero sobre todo en los derechos sexuales y reproductivos, que es por donde a menudo se recorta la libertad de las mujeres. Luego otras características es una preocupación por la naturaleza y por el medioambiente pero no sólo en tanto escenario del ser humano –un poco como decir “vamos a limpiar la casa para estar cómodos” o “vamos a ocupar mejor los recursos para usarlos en el futuro”, eso es importante pero no suficiente- sino una visión que supere el antropocentrismo exagerado que existe en la cultura dominante. Interculturalidad sería otro de los aspectos. Aprender de otras culturas, no ser ingenuamente etnocéntricos o etnocéntricas, sino que interculturalidad en el sentido de aprender y dialogar, porque ninguna cultura es perfecta y ninguna cultura es absolutamente desastrosa. Todas tienen algo que pueden dar a las otras. Hay culturas que son mucho más ecológicas que la cultura occidental que está llevando al desastre al planeta. Y habrá que aprender. Pero también habrá cosas de la cultura occidental que puedan ser transmitidas y compartidas. En ese sentido quizás sería un diálogo a varias bandas, a bandas también de género.

En general los ecofeminismos se han interesado por la ética del cuidado, por las actitudes de las mujeres por sus labores continuas de mantenimiento de la vida, que no son sólo lo doméstico sino también lo del huerto, la agricultura, el mantenimiento de las semillas en ciertas culturas. Entonces esa ética del cuidado ha interesado a la filosofía y desde hace bastantes años que se viene trabajando, pero entendiendo la ética del cuidado como algo universalizable y que se puede enseñar, y que hay que enseñar a los varones. No caer en un discurso de elogio a las mujeres porque eso puede ser un peligro, un de nuevo encerrarse en determinados roles que nos han tenido excluidas. Una ética del cuidado extendida a los hombres y más allá de nuestra especie. Ese es otro de los aspectos más o menos fundamentales de lo que yo entiendo por un ecofeminismo crítico.

¿Y qué aspectos de la tradición de la modernidad recoge el feminismo de la igualdad que representan una herramienta liberadora para las mujeres?

Es la herencia de Beauvoir, la herencia de la idea de libertad, igualdad, de poder participar por igual en el mundo de lo público más allá del mundo doméstico, pero claro yo leo a Beauvoir pero hay partes en las que ya no me representa. Es lógico, ha pasado tiempo y no tenía ningún tipo de sensibilidad ecológica. Entonces qué recoge de ella: ella es nuestra madre en el sentido de que reivindicó esa salida al mundo de lo público, reivindicó el lugar de las mujeres en la cultura. Ella y otras más, la nombro a ella como paradigma. Entonces todo ese feminismo de la igualdad ha transformado las sociedades modernas porque hoy no nos damos ni cuenta de todo lo que tenemos gracias a ese feminismo. Por ejemplo el sufragismo que nos dio el voto o la segunda ola del feminismo que reivindicó la libertad, la autonomía y la igualdad en las relaciones de pareja. Ese legado hay que defenderlo, es importantísimo, es central en el feminismo y desde algunas formas de pensamiento ecológico están siendo puestas en duda. Se está volviendo en ciertas formas de ecologismo –no en todas, no en el ecologismo social- sino en un ecologismo más místico, se está volviendo al discurso de la mujer naturaleza-madre. Entonces hay que llamar la atención ahí sobre lo que sería el conservar nuestro legado feminista.

¿Y cómo se engarza este feminismo de la igualdad con la experiencia latinoamericana que tiene marcadas diferencias por ejemplo étnicas?

Yo creo que en todas partes la cuestión de las relaciones entre las mujeres ha estado atravesada por tensiones, no sólo étnicas sino de clase, de opción sexual, edad, y toda una serie de variantes que siempre cargan de tensión las relaciones entre las mujeres. Yo creo que el feminismo o el ecofeminismo, no pueden ignorar esas tensiones pero tampoco renunciar a la posibilidad –porque existan esas tensiones- de poder transformar desde una perspectiva feminista. Nombrar las cosas es bueno, porque las saca a la luz, desactiva los poderes ocultos, los poderes que actúan cuando no se nombran las cosas. Y en el caso del ecofeminismo en particular las diferencias étnicas son particularmente bienvenidas porque son fuente de saber apreciado. Justamente por la conciencia de que el progreso occidental no es viable. Pero no estoy hablando de volver a los tiempos primitivos, porque otras de las características del ecofeminismo crítico que yo he apuntado, es la aceptación prudente de las tecnologías y de la ciencia. El desarrollo técnico y científico ha traído muchas ventajas pero también muchos inconvenientes, y habrá que hacer la diferenciación entre unas y otras. Pero retomando con lo que señalabas de los choques de las mujeres, por ejemplo por cuestiones étnicas, esa conciencia de que la civilización occidental no es la solución ni es la meta hacia la que todo debe dirigirse y hacia la cual todos tienen que llegar. No únicamente reconocer las injusticias históricas –por ejemplo el 12 de octubre que ahora con justísima razón se está diciendo en las redes sociales continuamente que es la fecha que conmemora el comienzo de una masacre, de una explotación y no el descubrimiento como se decía antes- eso ya había sido señalado desde esa perspectiva. Pero el ecofeminismo como el ecologismo además lo están viendo desde una perspectiva sumada a la cuestión de la injusticia histórica que es la cuestión de la falta de sabiduría del modelo, que es un modelo suicida de destrucción de la naturaleza con este neoliberalismo desenfrenado y en general con el capitalismo y con el industrialismo que ha sido catastrófico. Entonces la visión que otorga este interés ecológico es una visión distinta que busca sabidurías, cosmovisiones que no existen o que se han olvidado dentro de la cultura occidental y que son más necesarias que nunca. Yo por ejemplo he seguido todo el renacimiento de las culturas indígenas, ese retorno de esa visión de la naturaleza, del cosmos como un todo, que es mucho más sabio que el dualismo cartesiano de la filosofía occidental.

¿Y a qué te refieres cuando usas en tus textos la frase “Libertad, igualdad y sostenibilidad”?

Es la frase de la revolución francesa: “Libertad, igualdad y fraternidad”, entonces yo he pensado que la fraternidad hoy fundamentalmente pasa por la justicia social y ecológica. Porque hoy en día no puede haber justicia social sin justicia ecológica. Por una razón empírica por un lado, y es que la destrucción ambiental afecta en primera línea a todas aquellas personas que no tienen medios económicos para paliar los resultados catastróficos de la destrucción medioambiental. En primero lugar afecta también a todas aquellas personas a las que se les hace trabajar con los productos más tóxicos. Pensemos por ejemplo en el espanto de lo que son los cultivos transgénicos y todos los herbicidas que lo acompañan. ¿Quién sufre en primer lugar eso? La gente que ahí vive. Luego llega a las mesas de todo el mundo. Cómo se está desalojando de sus territorios a los pueblos indígenas con los proyectos de la mega minería. Lo pienso a veces y dan ganas de llorar. Entonces justicia social necesariamente hoy en día –en el estado actual del planeta- requiere una visión ecológica, porque son los más desfavorecidos los que están sufriendo ya las peores consecuencias de lo que Vandana Shiva llamó el mal desarrollo. Por eso fraternidad lo transformé en sostenibilidad porque una cultura sostenible tendrá que ser una cultura de la igualdad, que no esté basada en la explotación de las personas, que no esté basada tampoco en la destrucción de la naturaleza y que tenga también otra visión de los animales, porque ahí hay un tema que ha sido dejado de lado y que me parece a mí importante como justicia también. El que no estamos solos en el planeta. El que hay otros seres que sufren como nosotros y los ignoramos en general.

¿Cómo sería en la práctica una vida ecofeminista?

Ahí hay que aprender de la praxis. Yo creo que hay muchas formas. Lo pienso muchas veces y creo que hay formas distintas de vivir hoy en día el ecofeminismo que depende de si se está en un medio urbano o rural. Hay una especie de ecofeminismo también espontáneo de mujeres que ni siquiera se llaman a sí mismas ecofeministas y que sin embargo están todos los días teniendo actitudes ecofeministas. Las más tratadas dentro del ecofeminismo son fundamentalmente las visiones desde el mundo rural, porque las mujeres allí –en determinados países- mantienen un equilibrio con el ecosistema mayor a través de las huertas. O como activistas ambientales, como las mujeres que se organizan en el llamado norte y llamado sur para defenderse a sí mismas, para defender a sus hijos, sus familias, sus barrios contra proyectos destructivos, contaminantes. Ahí hay muchísima actividad que podemos llamar ecofeminista de mujeres organizadas en proyectos ecológicos y utilizando formas de relación que pueden ser calificadas de feministas. Luego están los activismos urbanos que están floreciendo en todas partes. Las mujeres cada vez más preocupadas por temas de contaminación, de salud, y que están cambiando un poco la manera de tratar sus propios cuerpos y tratar de no contaminar el resto. Por ejemplo hay estudios sociológicos que muestran que son las mujeres las que más se preocupan de reciclar, o que la huella ecológica de las mujeres es menor, porque intervienen ahí los estereotipos de género: muchas veces en los hombres la publicidad, la cultura en la que vivimos hace que el rango de género esté vinculado a actitudes altamente antiecológicas, por ejemplo ir siempre en coche a todos lados, mientras que las mujeres usan más los medios de transporte públicos porque no tienen esa exigencia relacionada con los estereotipos de género. El cuidado de los animales. Es impresionante el activismo de las mujeres en el cuidado de los animales: constituyen prácticamente el noventa por ciento. Entonces ¿son actividades ecofeminista? En alguna medida sí, porque están aplicando actitudes históricas de las mujeres como el cuidado, de maneras que no estaban previstas dentro del orden patriarcal. El orden patriarcal no les ha dicho que se ocupen del perro abandonado sino que de sus hijos, entonces hay ahí una pequeña subversión. Es una de las formas más ocultas o no teorizadas de lo que serían las prácticas del cuidado en las mujeres, que no corresponden con los mandatos patriarcales, y constituyen una rebeldía que muchas veces ha sido criticada pero que está planteando otra forma de ver el mundo que no está tan jerarquizada y tan falta de compasión.

Entrevista realizada por Tamara Vidarrauzaga.

 

Fuente: Conspirando