Amenaza a 100 años de minería

Por JOSÉ ADÁN SILVA/ II entrega

Vigilantes armados en los caminos; patrullas recorren los cerros; miles de árboles esperan hacha y lucha por el agua agita a Santo Domingo

santo-domingo-nicaraguaCPF. Estas siglas muy urbanas que significan Cuerpos de Protección Física son citadas y maldecidas con frecuencia por estos cerros de Santo Domingo. Hasta hace meses nadie hablaba de los CPF, hasta que vigilantes uniformados y armados, comunicados entre sí por radios y asistidos por vehículos de doble tracción, empezaron a apostarse a entradas de fincas, cruces de caminos y lomas por los cuatro costados del municipio, donde proliferaron rótulos de “propiedad privada” y “no pasar”.

Los vigilantes pertenecen a la empresa Desarrollo Minero de Nicaragua Sociedad Anónima (Desminic), socia local de la transnacional canadiense B2Gold, dueña de la concesión de explotación de oro Jabalí Central, en Santo Domingo, municipio de Chontales.

Desde hace dos años la compañía ha venido comprando las fincas alrededor del pueblo y de la mina, reduciendo el campo de actividades de minería artesanal a cientos de pequeños mineros, que por generaciones han extraído oro de estas tierras.

 

Recuerdos de la guerra

El padre César Augusto León, cura párroco de Santo Domingo, dice que la última vez que en el pueblo vieron hombres armados, uniformados y sirviendo a alguien, fue en los años ochenta, durante la guerra. Por ello, la presencia de guardas armados, policías antimotines que suben y bajan a las comunidades en patrullas, más el paso de militares del Ejército de Nicaragua por la zona, han crispado los nervios de esta comunidad minera que en 100 años de existencia sienten amenazadas sus labores de subsistencia.

Después del 9 de febrero, el día del violento desalojo al tranque que casi por cinco meses sostuvo un pequeño grupo minero, de cinco que existían contra las operaciones de la compañía, más gente empezó a asistir a la Iglesia católica.

Los otros cuatro grupos que antes exigían hasta 38 millones de dólares a la minera, aceptaron una propuesta de la compañía de financiación de proyectos colectivos, como comisariato y ofertas de trabajo y capacitación en la minería, a cambio de suspender la protesta. Los del Cafetal, reforzados por el grupo ambiental Salvemos Santo Domingo, no aceptaron las propuestas de B2Gold.

Gente humilde, muy pobre, llegaba llorando a pedirle al cura que intercediera por los acusados, los detenidos y por los que andan huyendo por los cerros tras el desalojo. El sacerdote nació en Santo Domingo y desde el final de la guerra, en 1990, no recuerda un estado colectivo de tanta desesperanza como el que ahora se vive.

“Si es por la verdad, debo decir que las autoridades siempre han estado de lado de las mineras que han venido al municipio, desde tiempos lejanos han priorizado al extranjero que trae el dinero para llevarse el oro”, dice tras el final de una homilía matutina.

“Las alcaldías han dado las mejores tierras a las mineras, no se han interesado por el ambiente, por las aguas, sino por el oro, la gente está muy resentida con la Policía, con las autoridades y los partidos, decepcionada con el actuar de la minera, con los finqueros…”, dice en voz baja, como rezando para sí mismo.

Para él, no cabe duda que la llegada de la minera, aun con un portafolios de proyectos sociales, ha dividido al pueblo entre quienes se vieron beneficiados con empleos y venta de propiedades, y los que ahora se quejan de perder sus labores de subsistencia.

“La empresa ha venido a dividir al pueblo, a crear dos bandos, las que se benefician y los que no, los finqueros vendieron muy bien sus tierras y no les importó dejar sin sustento a los pequeños mineros que trabajaban para ellos o trabajan solitos, ellos (los finqueros) agarraron sus miles de dólares, millones, y se fueron a comprar tierras a otro lado y dejaron a la gente sin lugar donde trabajar, porque la mina tiene guardas de seguridad en sus fincas”, dice.

 

El agua contra el oro

Al reclamo de grupos de pequeños mineros que exigían hasta 30 millones de dólares a B2Gold, por supuestos daños a sus actividades tradicionales de subsistencia, se le sumó el rechazo ambiental a las labores de minería industrial.

El alcalde Nelson Álvarez lamenta que dos de los principales directivos del movimiento ambiental Salvemos Santo Domingo, Boanerges Luna y Sergio Zavala, quienes exigían el compromiso de la minera a respetar las fuentes de agua, estén presos en celdas a casi 200 kilómetros de sus hogares.

“Seamos francos y no nos engañemos, la minería, en todas partes del mundo, es contaminante de los recursos naturales. B2Gold no será diferente y ya está preparada para deforestar Jabalí Central con una solicitud de corte de 43,021 árboles del cerro”, revela el alcalde, quien agrega que la minera ya ha obtenido dos permisos para botar más de 4,000 árboles para hacer un camino privado para sus maquinarias y otro para preparar la zona donde se abrirá el tajo a cielo abierto de donde extraerán el oro por siete años.

“Ellos dicen que sembrarán diez árboles por cada árbol que boten, pero en una inspección que se hizo en su vivero solo hallaron 11,500 plantas y no las 50,000 que decían tener listas para reforestar”, dice Álvarez.

“Si botan los árboles del cerro, donde están las principales fuentes de agua como el Túnel Azul, ¿qué agua va a quedar para Santo Domingo?”, se queja Álvaro Cabrera, uno de los dirigentes del grupo de pequeños mineros que anda huyendo del pueblo y a quien contactamos para hablar de sus demandas de 15 millones de dólares a B2Gold.

“Eran para comprar tierras lejos de la mina, no podemos vivir pidiendo permiso y trabajar bajo la amenaza de CPF armados”, justifica desde algún lugar de Chontales.

Sobre el agua, el gerente de Desminic, Pablo Venturo, dice que la minería artesanal que realiza el pueblo ha contaminado las aguas de los principales ríos de la zona y que ellos, B2Gold, con dos años de presencia en el lugar, no han procesado una sola onza de oro en el lugar, ni lo harán porque procesarán en las instalaciones de la mina en La Libertad, a pocos kilómetros de Jabalí Central.

“Nos hemos comprometido a buscar fuentes alternativas de agua potable para la comunidad”, dice Venturo, pero en Santo Domingo desconfían de sus palabras.

 

Fuente: La Prensa de Nicaragua