La Vida en el Centro y el Crudo bajo Tierra: el Yasuní en clave Feminista

Desde Territorio y Feminismos realizaron la publicación La Vida en el Centro y el Crudo bajo Tierra: el Yasuní en clave Feminista que ahora compartimos.

[Introducción]

El ecofeminismo, un lugar de análisis para la propuesta de dejar el petróleo
bajo tierra en el Yasuní

yasuni-en-clave-feministaEl ecofeminismo se ha convertido en los últimos años en un importante lugar de análisis y acción dentro del feminismo al vincular reflexiones acerca de la subordinación de quienes son indispensables para el sostenimiento del sistema capitalista patriarcal. El análisis de la subordinación femenina, entendida de manera histórica, parte de la dominación cultural sobre la naturaleza. Una cultura materialista basada en el avance técnico científico cuyo eje de existencia es la transformación de los elementos extraídos del ambiente para generar bienes y servicios a favor del capital, es decir, a favor de la acumulación de riqueza económica por encima de otros valores.

Los análisis feministas que confluyen con planteamientos ecologistas establecen reflexiones a partir de vidas concretas, de experiencias específicas situadas en territorios donde la degradación ambiental sucede de manera abrupta como en la Amazonía, hasta aquellos espacios donde se genera la mayor expresión del capitalismo como son las ciudades. Experiencias locales que se convierten en globales generando respuestas y propuestas que nacen de la organización social donde las mujeres cumplen un importante rol protagónico puesto que se encuentran afectadas de maneras específicas por los problemas ambientales.

En este sentido, el ecofeminismo nos permite ver las relaciones de subordinación establecidas por una cultura patriarcal que ha inferiorizado a la Naturaleza y ha naturalizado lo femenino para establecer procesos de apropiación o de control de los cuerpos y los territorios para el desarrollo del capitalismo. Una cultura que en origen se presenta desde una lógica masculina, blanca, burguesa, de espacios de poder económico y político donde se decide sobre los territorios de comunidades enteras, de naturaleza poco intervenida o de sociedades con otras lógicas de vida.

Territorios que se ven inmersos en cambios de sus relaciones sociales, que generan roles de género desiguales o relaciones intergénero que reproducen lógicas de poder diferenciadas por la clase o el origen étnico. Acuerdos masculinos con lógicas de poder económico para decidir sobre los territorios concesionados para la explotación petrolera y, por ende, sobre las vidas de quienes los habitan y que no tienen la oportunidad de decidir sobre el territorio habitado.

El ecofeminismo, al visibilizar los conflictos ambientales y las relaciones sociales que se generan en estos conflictos en los países del sur global, determina claramente otros cruces de análisis de las desigualdades como son la clase y la raza; indispensables, pues efectivamente los territorios con pueblos indígenas son los que han sido inmersos en la lógica extractivista como es el caso de la Amazonía ecuatoriana. En este sentido el ecologismo plantea que hay un presente con bases históricas donde los países del norte han generado desde épocas coloniales un sistema económico dependiente de la naturaleza para fines mercantiles.

Ocurre así, a principios del siglo XX, uno de los mayores descubrimientos sobre los que se basa el modelo capitalista como lo conocemos ahora: el descubrimiento de grandes reservas de petróleo en varios lugares del planeta con el objetivo de generar mayor energía para la industrialización y la movilidad. El petróleo desde entonces se convirtió en el elemento motor del capital y su búsqueda se expandió cada vez más a lugares recónditos con el fin de extraer más y más petróleo sin importar lo que exista alrededor.

Desde inicios del siglo XX en varios países de Latinoamérica se produjeron una serie de efectos devastadores relacionados con la extracción petrolera, y alrededor del planeta las consecuencias negativas de esta actividad fueron descubiertas a lo largo de los ciclos metabólicos del petróleo como son la producción, comercialización, consumo y desecho. Ciclos en los cuales se reproducen los ideales capitalistas de producción infinita de capital donde la naturaleza finita es quien tiene que sostener las acciones humanas antropocéntricas con cruces clasistas, racistas y sexistas que establecen quién ejerce más dominio y poder.

El Ecuador, inmerso en la actividad petrolera de manera más categórica con el boom petrolero de inicios de los setenta, se vio inmerso en la generación de políticas, prácticas y discursos que potenciaron el modelo petrolero como eje regulador del desarrollo económico y social del país. Ya para inicios de los años noventa, los territorios de los cuales se extraía el petróleo o por los que pasaba la infraestructura petrolera, presentaban una historia de devastación ambiental y social siendo el foco de atención por las demandas ejercidas desde sus habitantes para resolver los impactos de la actividad sobre la biodiversidad y sobre los pueblos y culturas ancestrales.

Esto no significó necesariamente un cambio en las políticas nacionales, que cada vez se hicieron más dependientes de los ingresos petroleros sino que, por el contrario, acentuó la justificación del requerimiento de este producto para el combate de la pobreza y el desarrollo del país avivando el dilema entre explotación petrolera para el
desarrollo o protección de la naturaleza para el sostenimiento de la vida. El modelo capitalista petrolero se convirtió entonces en el paradigma a seguir y generó una cultura predominantemente dependiente de las rentas petroleras, pero además de sujetos y sociedades que se construyen en relación a lo que es posible obtener en base al petróleo.

A partir de la experiencia de las consecuencias de esta actividad regidora de un sistema global, en donde el territorio amazónico es parte del primer eslabón de la cadena petrolera, es que empiezan a surgir cuestionamientos y propuestas para enfrentar un modelo considerado único e incluso imposible de trascender. Surgen así lugares de reflexión y debate desde espacios lejanos a aquellos donde la extracción petrolera está ocurriendo diariamente para establecer ideas y acciones que generen un cambio global desde diversos niveles, ya sea subjetivo, local o nacional. De esta manera, surge la propuesta de dejar el petróleo bajo tierra en el Yasuní en un contexto global que requiere de ideas concretas y urgentes para enfrentar la crisis ambiental, aunque para el discurso gubernamental esto formaría parte del cambio de matriz productiva.

Dejar el petróleo bajo tierra procuraría la reflexión ecofeminista al reconocer el pensamiento que sustenta al modelo petrolero, el poder que ejercen quienes lo reproducen y cuál es el rol de las mujeres y la mirada que se establece sobre la naturaleza, y quiénes son ubicadas a la par de la naturaleza subordinada. Esto se deduce de casos específicos en los que las mujeres, al estar encargadas de las labores domésticas, tienen que resolver la salud de quienes se enferman a causa de la contaminación petrolera, quienes se enferman por tener que usar el agua intoxicada, sobre quienes cae la culpa por no poder alimentar a la familia de una manera adecuada debido a la pérdida de alimentos provenientes de la agricultura familiar por contaminación o pérdida del territorio.

Si bien la propuesta Yasuní no ha sido planteada desde un pensamiento feminista, esta abre la posibilidad de fortalecer los vínculos entre feminismo y ecologismo de manera que establezcan aportes de análisis para un cambio de paradigma que surge de la valía de las experiencias concretas en las cuales estas categorías de análisis y acción se basan.