Los acuerdos municipales también se valen para decir #NOalaMinería

En Colombia, no solo las consultas populares está en auge como procesos mediante los cuales los ciudadanos pueden defender su territorio de proyectos extractivos. Otros municipios interesados en esta defensa han optado por promover la firma de acuerdos municipales para impedir que estas actividades entren en su territorio. A pesar del inminente interés de los ciudadanos en Colombia de decirle al gobierno y las corporaciones que esa no es la manera en que ellos proyectan su bienestar, estos acuerdos entran también en un limbo jurídico, que igual que las consultas populares, acobarda a los gobiernos y al sector minero, y empodera a la gente. Esta es la historia de Támesis y Jericó, dos municipios del suroeste Antioqueño de Colombia, que en el plazo de un mes lograron concretar dichos acuerdos.

Estos acuerdos deben ser firmados por los miembros del concejo municipal. La mañana del domingo 28 de mayo los once concejales del municipio de Támesis acordaron firmar dicho acuerdo, y la mañana del 7 de junio el municipio de Jericó aprobó el proyecto de acuerdo, con 6 votos a favor de diez posibles, y tan solo 4 en contra. Se firmó para comprometer a estos municipios a excluir la minería de metales en su territorio, y de defender las fuentes de agua y la vocación cafetera, ganadera y agropecuaria en la zona. Ambos ponen en jaque los intereses de la multinacional AngloGold Ashanti, quien tiene presencia en la zona desde el 2008, y cuenta con 7,595 hectáreas de títulos mineros para exploración. Estos concejos municipales han acogido las preocupaciones de las organizaciones sociales, los agricultores, productores, campesinos y la comunidad en general de proteger la naturaleza para garantizar su bienestar.

La región del suroeste antiqueño es productora de café, proveyendo el 60% de la producción del grano del departamento, y el 16% de la cosecha nacional. En Támesis existen 1.886 hectáreas sembradas en café (2.154 fincas en 35 veredas) y 1.517 productores viven de este cultivo, de los cuales el 98% son pequeños productores con menos de cinco hectáreas. Jericó cuenta con 1.533 hectáreas sembradas (1.040 fincas en 27 veredas), que son trabajadas por 890 cafeteros y de ellos, el 94,3% son pequeños productores. Esta región además produce cacao, plátano, panela y ganado de carne y de leche, lo cual brinda el sustento de los habitantes, razón por la cual para ellos prevalece la producción agrícola que la actividad minera. Así lo manifestó el alcalde de Támesis al afirmar que “queremos seguir siendo felices en nuestro municipio y seguramente la felicidad no está en la plata ni en el oro… lo sacan y se lo llevan. Queremos ser un municipio pujante, pero siguiendo la ruta que nos dejaron nuestros antepasados”.

Hasta Dios parece estar de acuerdo con los ciudadanos, pues el obispo del pueblo ha proclamado que su lema se ha vuelto: “minería si, pero no así ni aquí!”. Y explica: “no nos podemos quedar sin arena, sin cemento y sin hierro… La minería siempre ha existido, pero no así, a cielo abierto o en grandes socavones y no aquí, en una tierra que presenta altos riesgos geológicos, con grandes vertientes de aguas subterráneas. Esto sería jugar demasiado pesado con la naturaleza”. Además, desde un conocimiento profundo del territorio que habita, agrega que “estas tierras son muy verticales y son una esponja de agua que debemos proteger”.

El abogado Rodrigo Negrete, quien había ratificado en la sesión plenaria las facultades que tienen los Concejos para decidir sobre sus territorios y para defender su patrimonio ecológico y cultural, ratificó la validez de la decisión y dijo que “está claro el marco jurisprudencial, que les permite a los municipios prohibir este tipo de actividades que son impactantes, deteriorantes y que causan tantos conflictos medioambientales… Es un logro que convierte a Jericó, junto a Támesis, en unos referentes para todo el país”.

Habitantes de Jericó afirman que se prohibió el proceso que pretendía abrir el vientre de sus montañas para extraer 617 millones de toneladas de rocas, triturarlas, molerlas, mezclarlas con químicos disueltos en millones de metros cúbicos de agua, separarlas y exportar 65 millones de toneladas de cobre, algo de oro y plata, molibdeno. Esto, dejando las toneladas restantes convertidas en lodos de metales pesados tóxicos, sulfuros y escombreras que terminan en los llamados diques de cola que se han calculado en 25 millones de metros cúbicos y cuya permanencia en el territorio, igual que los túneles y la afectación al sistema de aguas subterráneas serán permanentes. Lo anterior amenaza la forma de vida de los habitantes de este municipio que se ha distinguido en toda Colombia por su belleza, verdor, cultura, bienestar, paz y amabilidad de sus gentes.

Fuente: Yes to Life not to Mining