Por el derecho a la vida, mujeres zapotecas resisten frente a las Zonas Económicas Especiales

CIUDAD IXTEPEC, Oax. – Hace dos años comenzó la resistencia de las mujeres zapotecas y del pueblo de Ciudad Ixtepec por la defensa de su tierra y territorio.

Su lucha no es por una hectárea, ni diez y tampoco cien, son 8 mil 150  hectáreas que el gobierno federal de Felipe Calderón concesionó a las empresas mineras Plata Real -filial de la estadounidense Sunshine Mining and Refining-; y a la japonesa Dowa, como parte del corredor minero de las Zonas Económicas Especiales (ZEE).

El área que esta empresa pretende explotar es parte de un corredor minero de las Zonas Económicas Especiales (ZEE), principal modelo económico del gobierno de Peña Nieto para combatir la pobreza en los estados del sur del país, señalando que una de sus principales virtudes es generar empleos con la llegada de capital extranjero, pero les favorecerán con no pagar impuestos.

El corredor minero del Istmo de Tehuantepec además de Ciudad Ixtepec abarca otros cinco municipios: Lachiguiri, Laollaga, Tapanatepec, Zanatepec y San Miguel Chimalapa, haciendo un total de 19 mil 795 hectáreas para la explotación minera a cielo abierto para esta zona de Oaxaca.

Ixtepec es uno de los municipios istmeños “privilegiados” y sus tierras forman parte de la Comisariado de Bienes Comunales con un padrón de 863 comuneros y registra 30 mil hectáreas.

Esa ciudad es donde residen familiares del actual gobernador de Oaxaca, Alejandro Ismael Murat Hinojosa, quien en sus múltiples discursos se refiere a Ixtepec como su lugar de origen (pues ahí nació su padre, el exgobernador José Murat Casab), y es uno de los lugares que junto con el puerto de Salina Cruz abarcará las ZEE.

En Ixtepec se encuentran dos zonas importantes que abarca la concesión minera: el Cerro Niza Bichichi o Cerro Taberna -con un área de 3 mil 850 hectáreas- y otro más es el Cerro Banderilla, donde se localizan yacimientos de oro, zinc, plata y cobre y que en 2013 la Secretaría de Economía licitó para su explotación.

En ese mismo año (2013), la mesa directiva del Comisariado de Bienes Comunales de Ciudad Ixtepec autorizó el estudio de factibilidad sin previa consulta indígena.

Además de los cerros Taberna y Banderilla, también están en peligro unas 6 mil hectáreas (5 mil temporales y mil de riego) de tierras de cultivo de maíz zapalote chico, que más que un grano es el alimento primordial que ha dado vida a las generaciones de hombres y mujeres de Ciudad Ixtepec.

El maíz para las mujeres zapotecas  es la vida misma, ellas elaboran sus guisos y también sus tortillas tradicionales en un comixcal de barro a altas temperaturas  llamadas totopos y memelas.

Isabel, Rosa Elba y una docena de mujeres más se han organizado para defender sus alimentos y su vida.

Se oponen a la explotación minera porque esta actividad afectaría severamente a uno de sus afluentes naturales de mayor importancia ancestral, el río Guigu Bicu (“De los Perros”) y buscan que siga vivo porque sin él, decenas de hectáreas de maíz morirían, no hay forma de regarlas con otra agua.

La concesión minera otorgada a la empresa Plata Real es por 50 años, (de 2008 a 2058), y en caso de no hacer la explotación, la empresa tendrá que pagar una multa de grandes sumas de dinero.

El proyecto minero de Ciudad Ixtepec además de los dos cerros y el afluente natural se extiende desde Laxhilona hasta la calle Trujano, abarcando más de 10 barrios originarios de Ciudad Ixtepec, como son Carrizal, Tepalcate, El Zapote, Carrasquedo, Picacho, Cheguigo Juárez, Cheguigo Zapata, la Huana Milpería y de la primera a la cuarta secciones.

La Red Mexicana de Afectados por la Minería (REMA) ha dicho que las Zonas Económicas Especiales además de incluir al corredor minero, también contempla otros 19 parques eólicos.

En el corredor eólico catalogado el más grande de Latinoamérica buscan incluir el corredor transístmico, con el cual las autoridades pretenden “crear economía” en esta zona.

Miguel Ángel Mijangos, de la REMA, reconoció que de la “lucha” que hace Ixtepec y otros pueblos incluidos en las ZEE han aprendido que si llegan tarde no lograrán derribar estos proyectos extractivos, por eso es urgente que se respete la vida sustentable de un pueblo que no pidió una minera, sino se la impusieron.

“Ellas, las empresas extractivas manejan una cultura del miedo para que los pueblos no actúen, Lo que Ixtepec tendrá -si no lo detiene- es una extracción minera a cielo abierto. Aquí la vida es una alimentación sana, una alimentación que tiene como base el maíz, todo esto acabará mientras la mina sea explotada, solo 50 años que es lo que dura la concesión”.

Rubén Valencia, uno de los iniciadores de la lucha contra la minera e integrante del Comité Ixtepecano Vida y Territorio, también ha señalado que las ZEE son proyectos extractivos y no económicos para la vida social, porque se fundamentan en el despojo y destrucción del medio ambiente.

“Nosotros no pedimos consulta porque no hay nada qué consultar, la minería se rechaza desde que supimos que se otorgó un permiso, aquí queremos que la vida de un pueblo siga siendo sana, solo eso es lo que exigimos y si eso es un pecado, pues que nos digan, pero no claudicaremos”, advirtió.

 

Las mujeres y el Guendaliza’ (La vida en común)

Así como se teje una atarraya -con paciencia y amor-, así se teje la vida en Ixtepec, paso a paso, reconoce Isabel Núñez Palacios, porque solo con la dignidad de cada una se logrará la colectividad y esto es el Guendaliza’, la vida común de los pueblos indígenas.

¿Qué será de nuestro maíz si la minera llega?, se pregunta Isabel, quien piensa un momento y toma un abanico con el cual se sopla para mitigar el fuerte calor que siente mientras responde enfática: “Eso es lo que estamos haciendo, una campaña informativa privilegiando el Guendaliza’ que para nosotros los zapotecas significa la vida en común, el tequio, la solidaridad.

Isabel y otras doce mujeres más que representan a las Mujeres del Centro Promotor de Tecnologías Alternativas Bibaani se unieron al Comité Ixtepecano Vida y Territorio con la finalidad de hacer conciencia entre su gente para recuperar el espacio de vida como reconstrucción del ser, la salud y la economía familiar con el fortalecimiento de la soberanía alimentaria.

Las mujeres que portan su enagua y su huipil y que suman más de medio siglo de edad no se cansan, caminan día y noche, algunas veces concientizando sobre la minería y, otras veces, cosechando en sus huertos, algunas veces siembran chile y otras maíz y frijol.

Con la desatención del Estado a la producción de alimentos de calidad -como el maíz- se ha dejado en manos de empresas internacionales la alimentación de las familias, las cuales en el afán de aumentar sus ganancias emplean prácticas que dañan la salud pública, como el uso de agroquímicos y semillas transgénicas en los cultivos, así como colorantes, saborizantes y conservadores en los productos que se venden al público, por lo que nosotras -dijo Isabel- hemos privilegiado el uso del maíz zapalote chico.

La oficina de la Alianza por la Salud Alimentaria reconoció que México importa más del 40 por ciento de los alimentos que se consumen en el país.

“A lo largo de tres décadas de dependencia alimentaria se ha desmantelado la capacidad del país para producir sus propios alimentos, a favor de las importaciones y de las corporaciones agroalimentarias nacionales y extranjeras, provocando una competencia desleal a los productores nacionales, una caída en la rentabilidad y un crecimiento sostenido en la pobreza, migración, deterioro del entorno natural, carestía, hambre, desnutrición, obesidad y sobrepeso”.

El recuperar el territorio no solo es “salir a la calle, manifestarse o bloquear”, expresó la defensora, sino es socializar, informar y fortalecer las instancias comunitarias como el tequio y la comunicación de las asambleas.

Mientras sus compañeros luchan ante los juzgados por la vía legal, otros desde el campo, Isabel y sus compañeras lo hacen desde sus alimentos y contagiando a otras mujeres a que sigan privilegiando su vida alimentaria natural, como los abuelos y los zapotecas lo hacían, con base en el maíz.

A Isabel y sus compañeras les duele que la soberanía alimentaria solo parezca una utopía porque tienen muy cerca la amenaza de la minería, la que por su característica de cielo abierto significa la contaminación de los espacios naturales, el suelo y el aire.

“Aún no logramos entender las decisiones de las autoridades, de cómo un país como México que es rico en sus recursos naturales ahora busque acabar con uno de los granos más importantes que es el maíz, del cual nuestros antepasados se alimentaban, que nuestros abuelos cosechaban y nuestros hombres aún siembran para comer”.

“Eso es lo que deseamos privilegiar, que nuestro maíz, el zapalote chico siga fuerte y la única solución es no permitir la mina, porque la mina es muerte”, dijo.

Isabel manifestó que como alternativa también han hecho huertos urbanos de hortalizas donde han producido alimentos de manera orgánica y les ha funcionado, porque han cosechado hortalizas y también alimentos que por una parte han contribuido a la economía familiar, pero lo mejor a la mejorar la salud.

Entre las acciones que han realizado también está el impulso del rescate de su lengua materna a través de talleres de zapoteco y la producción de hortalizas urbanas como forma de sobrevivencia.

“La minería eso viene hacer, quitarnos la vida natural que aquí tenemos, por eso es que seguimos practicando el Guendaliza’; muchas no saben, en especial las jóvenes, pero les enseñamos, las llevamos con las abuelas de los barrios y ellas les han enseñado el valor a la vida desde los alimentos, desde el maíz, principalmente”.

¿Y por qué ocupan el maíz zapalote chico para elaborar sus guisos y tortillas? Ah, dijo Rosa Elba Antonio. Porque sin el maíz no hay vida, aquí en Ixtepec es el único maíz que conocemos, las abuelas nos enseñaron a comerlo, a preparar diversos alimentos y a cosecharlo.

Rosa Elba elabora tortillas a mano, compra el maíz con los campesinos, en la madrugada lo pone a cocer en la leña, lo lleva al molino y de ahí comienza su ritual, porque está a favor de la vida sana, de la soberanía alimentaria privilegiándolo como alimento principal.

¿La vida acabará con la minería? No hay tantita duda, dicen al unísono ambas mujeres; “es a cielo abierto”, recalca Isabel, ¿Ustedes saben qué es eso? “Claro que sí, es acabar con la vida natural y animal que hay en esta zona, porque se van a ocupar grandes cantidades de arsénico y mercurio, que no es más que veneno”.

¿Y sus autoridades? De ellas sabemos poco, las comunales otorgaron los permisos de exploración y hoy no hay una figura comunal reconocida porque la impugnamos ante la Procuraduría Agraria, y de las municipales hasta el momento han estado pasivas. Creo que nuestro mayor reto es que también nos apoyen.

La vida natural del pueblo de Ixtepec se engrandece con el maíz, y a pesar de que no es un grano que compita en el mercado por su bajo costo y peso, las mujeres zapotecas lo profieren, el maíz zapalote chico les ha dado la vida.

 

La  amenaza al “Guigu Bicu, “Río de los Perros”

Cuando comenzó la lucha por la soberanía alimentaria y el rechazo al  extractivismo con las Zonas Económicas Especiales y el corredor minero, Rubén Valencia fue el primero en alertar a sus paisanos, pero para muchos no fue del agrado su postura.

Junto con otros jóvenes, Rubén ha luchado por la soberanía, se alió al grupo de las 12 mujeres y junto con campesinos defienden el río de Ixtepec, el Guigu’ Bicu.

Las personas defensoras del ambiente señalan que este proyecto minero y el resto que abarca el corredor minero del Istmo requerirá por lo menos de 2 millones de litros de agua al día.

¿De dónde se abastecerá entonces la mina de Ixtepec? De forma irónica un hombre alto, con barba y un sombrero llamado Rubén Valencia responde: “de dónde más que de nuestro río y seguramente lo contaminarán con cianuro, mercurio y arsénico”.

“Pero eso no es todo, afectará otras partes de la cuenca del río hasta desembocar en la laguna superior, allá con los hermanos Ikotjs de San Mateo del Mar”, denuncia.

Los campesinos zapotecas de Ixtepec toman agua del afluente para regar sus parcelas de maíz y eso es justamente lo que preocupa, que el río se seque o se contamine y no pueda usarse para que el maíz crezca, se teme que las parcelas terminen siendo espacios sin vida y totalmente áridas.

Arnulfo Enríquez Quevedo, presidente de la Sociedad Agrícola Local y quien toda su vida se ha dedicado a la siembra del maíz, no se ve haciendo otra cosa que no sea cosechar los granos amarillos con los cuales las mujeres de su pueblo elaboran tortillas.

“Nosotros seguimos cosechando maíz porque nuestras mujeres lo piden, a ellas no les gusta los de granos grandes, sino el chico, el zapalote chico que no es un maíz que compita a nivel nacional porque no pesa, pero su textura es la más rica, las tortillas y guisos despiertan un rico sabor, único, todo eso queremos, que sigamos comiendo sanamente”.

El año pasado, comuneros, campesinos y mujeres de Ciudad Ixtepec con una colecta de unas 2 mil firmas declararon a este municipio como “libre de minería”, aunque las autoridades comunales y municipales no les han respaldado.

Son dos documentos que necesita la minera para poder explorar en terrenos zapotecas de Ixtepec. El primero, el cambio de uso de suelo, de actividad agrícola a industrial que otorga la autoridad municipal, y el segundo, un acta de asamblea comunal donde la mayoría de los comuneros aprueben su ingreso.

“La mina vendría a matar a nuestro río. Así como las ZEE intentan ubicar un corredor minero, nosotros en el Istmo tenemos un corredor de ríos naturales que están amenazados con esta extracción, no solo es el Guigu Bicu, también están el río Ostura y el Espíritu santo y los que están dentro de la selva Chimalapa. Será el acabose de nuestra especie animal y vegetal”, advirtió.

De enero de 2002 y hasta abril de 2016, la Secretaría de Economía otorgó  972 títulos de concesión minera en Oaxaca, de las cuales actualmente 299 están vigentes y abarcan una superficie total de 462 mil 974 hectáreas, las cuales representan el 5% del territorio estatal, informó Neftalí Reyes Méndez, encargado del área de Derechos Territoriales de la organización social Servicios para una Educación Alternativa (EDUCA A.C.)

En un estudio presentado por Reyes Méndez, señala que en todo el país se encuentran concesionadas 52 millones de hectáreas a empresas mineras y  que en Oaxaca hasta julio pasado son 35 proyectos mineros que se encuentran registrados ante la Secretaría de Economía, por 38 empresas registradas en Canadá, Estados Unidos de Norteamérica, Perú, Australia y México.

Y según datos de la Secretaría de Economía, 29 proyectos mineros se encuentran en etapa de exploración, 2 en etapa de desarrollo, 2 postergados y 2 en etapa de explotación.

“Los dos últimos han sido ubicados por el Gobierno del Estado de Oaxaca  (en la administración que encabezó Gabino Cué) como dos de los proyectos mineros más importantes de la historia de la entidad, generando una inversión privada de 6 mil 382 millones de pesos -durante el periodo 2011-2015-, lo cual ha colocado al estado en el séptimo lugar nacional en producción minera”.

Las empresas que están dentro de estos proyectos mineros son: Sundance Minerals, Minaurum Gold inc, Gold Resource Corp, Big North Graphle Corp, Ichesa peake Gold Corp, Almadem Mineralls, entre otros más distribuidos en los municipios de Oaxaca.

En su trabajo de campo, Reyes Méndez constató que la presencia de la minería ha provocado problemáticas graves en diversas comunidades, principalmente donde se han otorgado concesiones mineras, o donde se realizan actividades de prospección, exploración y explotación de minerales.

Las concesiones mineras se otorgaron en 90 municipios del estado de Oaxaca entre los que destacan la zona oriente del Istmo de Tehuantepec y también Ciudad Ixtepec, por un periodo de 50 años.

Durante su investigación, la información proporcionada a las comunidades en Oaxaca por los gobiernos federal y estatal, así como por empresas involucradas, ha sido discrecional, porque no se informa sobre la escala del proyecto o los posibles impactos que esta actividad ha generado en otros estados de la república en los ámbitos social, político, ambiental y cultural.

El marco legal de las minas en México, según Reyes Méndez, no establece ningún mecanismo para su cancelación, a excepción de la decisión de la empresa para desistirse, terminación de la vigencia o resolución judicial, aunado a que la actividad minera tiene preferencia sobre cualquier otro uso o aprovechamiento que se da a la tierra, por lo que colocan en total desprotección a los pueblos y comunidades del estado de Oaxaca y al ejercicio de sus derechos, incluso el derecho a la defensa y al de la soberanía alimentaria.

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