Hablemos de la consulta y de quien insulta

La sociedad se mueve en los límites establecidos por los intereses de la clase social dominante. Una construcción tan antigua como el esclavismo mismo, pasando por el feudalismo y avanzando en el capitalismo. El pueblo ha sido y es arrastrado a consultas en las que no decide nada, cuando mucho le consultan sobre si elegir o reelegir quien lo oprima, normalmente mediante instrumentos de control y bajo una guerra mediática en los distintos órdenes de la estructura social e institucional y la respuesta está dada antes de la consulta. Es una cultura histórica impuesta por la enfermedad cordial del ser humano que desarrolla la egolatría y organiza el circo de la acumulación de capitales.

La enfermedad cordial alcanza límites extremos. Está definido el bloque dominante dispuesto a mantener su hegemonía sobre la sociedad hondureña y está representado por Juan Orlando Hernández y su equipo, pero el proyecto no es de personas, es de la clase social dominante orquestada a nivel mundial. El proyecto está tendido desde hace mucho, acentuado en 2009 con el golpe de Estado y profundizado en los últimos años con las medidas económicas impuestas, haciendo de Honduras su propiedad. En el proceso han entrado en una crisis profunda porque su carrera de acumulación los ha llevado a circular en ámbitos de los negocios más sucios posibles y el desenfreno más terrible en el vicio de corrupción. La fisura interna en la cúpula dominante deja caer sus destellos. Para salir de la crisis ahora buscan que el pueblo mueva la brocha y maquille el sistema, la propuesta de consulta es de forma, no de fondo y de esa manera garantizar que siga el sufrimiento económico, social, sanitario, ambiental, administrativo que expulsa a la gente del territorio. Para la elite opresora, la reelección es vital para asegurar la continuidad del proyecto neoliberal.

El proyecto popular antihegemónico es diverso y necesita mayor cohesión. Según la composición cultural, la única vía para dar la batalla hacia el control del Estado y desde allí avanzar hacia el poder, son las elecciones. La lucha social, territorial, la protesta y resistencia es fundamental como primer paso, pero no cambia las relaciones de poder estructuralmente, sino cuando esa resistencia social adquiere carácter y naturaleza de proyecto político para desplazar al opresor del control estatal. Ante esto, tenemos miradas diferentes que abren varios caminos a seguir. Lo primero es que el movimiento social agonice en brazos de un partido. Luego es la postura ante la reelección, un sector la rechaza, otro la acepta y otro la rechaza o acepta dependiendo de las condiciones. Sin embargo, hay coincidencia en que la superación de la crisis nacional pasa por una Asamblea Nacional Constituyente originaria. Como lograr una Asamblea Nacional con la naturaleza necesaria para transformar todo el aparato estructural es lo que debemos proponernos. Para eso es necesario superar antes la ilegitimidad gubernamental y luego pasar a diálogos y debates sectoriales territoriales, poblacionales y temáticos como mecanismos de discusión de lo que según el pueblo quiere y debe cambiar en el país hasta cristalizarse en la Asamblea Nacional Constituyente, camino único siempre que sea popular.

Sobre la reelección debe haber mayor discusión juiciosa. Hay una ruptura constitucional y por tanto la reelección es ilegal e ilegítima, un reglamento es un acto ilegitimo que alimenta el sistema de ilegitimidad. Pero si una Asamblea Nacional Constituyente originaria establece la reelección, entonces no se debe tener miedo. El punto no es si elegir o reelegir, sino quien y para que se elige o se reelige. Hay miedo a los dictadores déspotas por criminales y con razón, masacran a la mayoría. Miremos un poco las instituciones históricas empezando por la familia, pasando por las iglesias y los partidos, son ejemplo de reproducción de la cultura dictada. Las niñas y niños no deciden quien debe ser su Papá o su Mamá, la feligresía no decide quién será su pastor, y los adeptos de un partido no deciden quién es su líder, es dictado. Dictar es necesario cuando se dice la verdad, pero es peligroso cuando se miente.

El punto es que ser Papá, pastor o líder no se define por períodos de tiempo, sino por principios. El amor, la verdad y la justicia son principios que se rigen por la participación donde alcanza equilibrio el deber del Papá y la libertad de la familia, igual con la iglesia y el partido, etc. Un Papá bueno será acogido por las y los hijos siempre y evitaran a toda costa que lo separen de su lado. Un Papá criminal se mantiene por que intimida, castiga, amenaza e incluso puede matar. Este tipo de Papá debe ser sacado de la familia por el alto riesgo que representa para el colectivo. La sociedad debe contar con los mecanismos y órganos autónomos para cuidar y proteger a la mayoría, todo es producto del ejercicio de consulta y decisión popular en Asamblea Nacional Constituyente. Quien controla una ANC, controla todo, y solo hay dos sujetos enfrentados en ese órgano supremo, los ricos y los pobres.

La consulta es un ejercicio propio del ser humano que aspira a la verdad, y la instauración de la justicia y el derecho común. La verdad es el fruto de la contradicción y la cristalidad de los intereses colectivos.  La búsqueda de esa verdad es un ejercicio político e ideológico en una sociedad donde el control de la subjetividad es eclipsado por la ideología de la clase dominante. Es urgente que el pueblo hondureño decida el método para romper la hegemonía del dominio oligárquico y construir democracia. Una es la dictadura déspota del gran capital cristalizado en élites y hombres concretos, otra la dictadura de la democracia, del pueblo. Quizá suene duro, pero el poder del pueblo cuando entra en un proyecto de autonomía y soberanía política, económica, social, cultural, ambiental y espiritual se debe mantener, y en la elección, como no se hace fraude, prevalece la decisión popular. No existe democracia sin una dirección central que dirige el proyecto de vida en justicia, libertad y soberanía nacional. Allí deben estar mujeres y hombres incorruptibles, serios u humanos.

No hay que olvidar que cuando el pueblo desarrolla su poder, y la administración de ese poder está en manos de gente buena, el pueblo hace uso de su sabiduría. El pueblo es sabio. Lo que hace un déspota es inhibir la sabiduría del pueblo y mediante la intimidación, la amenaza, el castigo, la manipulación que produce miedo, lo somete. Queremos y debemos ser consultados, no insultados como lo propone la elite déspota del país. Hacer valer el derecho a la consulta de manera honesta y transparente, requiere organización comunitaria, información y movilización permanente.

Fuente: Radio Progreso