Publicación: «Las fronteras del neoextractivismo en América Latina»

Introducción

A principios del siglo xxi las economías latinoamericanas se vieron enormemente favorecidas por los altos precios internacionales de los productos primarios (commodities), y comenzaron a vivir una época de crecimiento económico. Esta nueva coyuntura coincidió con el cambio de época, caracterizado por el cuestionamiento del consenso neoliberal, las intensas movilizaciones sociales y el cuestionamiento de las formas más tradicionales de representación política. Posteriormente, en diversos países de la región, el ciclo de protesta se vio coronado por la emergencia de gobiernos progresistas, de izquierda o centroizquierda, los que, por encima de sus diferencias, combinaron políticas económicas heterodoxas con la ampliación del gasto social y la inclusión por el consumo. Arrancó así el denominado ciclo progresista latinoamericano, que se extendió al menos hasta 2015-2016.

Durante este periodo de rentabilidad extraordinaria, más allá de las referencias ideológicas, los gobiernos latinoamericanos tendieron a subrayar las ventajas comparativas del boom de los commodities, negando o minimizando las nuevas desigualdades y asimetrías económicas, sociales, ambientales, territoriales, que traía aparejada la exportación de materias primas a gran escala. Con el correr de los años, todos los gobiernos latinoamericanos sin excepción habilitaron el retorno en fuerza de una visión productivista del desarrollo, y buscaron negar o escamotear las discusiones acerca de las implicancias (impactos, consecuencias, daños) del modelo extractivo exportador. Más aún, de modo deliberado multiplicaron los grandes emprendimientos mineros y las megarrepresas, al tiempo que ampliaron la frontera petrolera y las fronteras del neoextractivismo en américa latina 12 agraria, esta última a través de monocultivos como la soja, los biocombustibles y la palma africana.

Paulatinamente y ante el desarrollo de los conflictos, un concepto, dotado de dimensiones analíticas y con una gran carga movilizadora, comenzó a recorrer la región para caracterizar el fenómeno emergente: neoextractivismo. Cierto es que no se trataba de un hecho completamente novedoso, pues sin duda los orígenes del extractivismo se remontan a la conquista y colonización de América Latina por Europa, en los albores del capitalismo. Sin embargo, al calor del nuevo siglo xxi, el fenómeno del extractivismo adquirió nuevas dimensiones, no sólo objetivas –por la cantidad y la escala de los proyectos, los diferentes tipos de actividad, los actores nacionales y transnacionales involucrados–, sino también de otras subjetivas, a partir de la emergencia de grandes resistencias sociales, que cuestionaron el avance vertiginoso de la frontera de los commodities y fueron elaborando otros lenguajes y narrativas frente al despojo, en defensa de otros valores –la tierra, el territorio, los bienes comunes, la naturaleza–.

Al mismo tiempo, la dimensión de disputa y de conflicto introducida por la nueva dinámica de acumulación del capital basada en la presión sobre los bienes naturales, las tierras y los territorios, fue generando enfrentamientos entre, por un lado, organizaciones campesino-indígenas, movimientos socioterritoriales, colectivos ambientales, y, por otro lado, gobiernos y grandes corporaciones económicas, lo cual abarcó no sólo a los regímenes conservadores y neoliberales, sino también a aquellos progresistas, que tantas expectativas políticas habían despertado. Definido ya como neoextractivismo, la nueva fase introdujo dilemas y fracturas dentro del campo de las organizaciones sociales movilizadas y de las izquierdas, que mostraron los límites de los progresismos realmente existentes, visible en su vínculo con prácticas políticas autoritarias e imaginarios hegemónicos del desarrollo. Hacia 2013, el fin del llamado “superciclo de los commodities”, lejos de significar un debilitamiento, nos confrontó con una profundización del neoextractivismo en todos los países. En la actualidad, la consolidación de la ecuación “a más extractivismo menos democracia” aparece ilustrada por la flexibili- maristella svampa 13 zación de los ya escasos controles ambientales existentes, así como por el endurecimiento de los contextos de criminalización y el incremento de los asesinatos a activistas ambientales, en el marco de la disputa por la tierra y el acceso a los bienes naturales.

En este texto me propongo hacer una síntesis de la expansión del neoextractivismo en la región latinoamericana a través de cinco capítulos. Para ello, en el primer capítulo me abocaré a presentar algunos de los conceptos críticos en relación con esta problemática, entre ellos neoextractivismo, Consenso de los Commodities e ilusión desarrollista. Para justificar su pertinencia, daré cuenta del modo en cómo estos conceptos arrojan luz sobre la crisis actual en sus diversas dimensiones. En el capítulo dos abordaré la conflictividad socioambiental, sus diferentes escalas, así como el nuevo lenguaje de valoración del territorio que se ha ido gestando al compás de esas luchas, al que he denominado giro ecoterritorial. En el capítulo tres propongo un abordaje de las complejidades que presenta el actual giro ecoterritorial, como tendencia presente en las luchas socioambientales, haciendo hincapié en los dilemas que atraviesan el reconocimiento de los derechos indígenas, así como en la expansión de nuevas formas de feminismo popular en la región. En el capítulo cuarto me ocuparé de dar cuenta de la nueva fase del neoextractivismo a través de sus figuras extremas: territorialidades criminales, violencia estatal y paraestatal, violencia patriarcal, en fin, expansión de las energías extremas. El capítulo cuatro indaga sobre el contexto geopolítico y las formas que asume la nueva dependencia en relación con China. Asimismo explora los límites del ciclo progresista y propone un balance del mismo, más allá de la expansión del neoextractivismo.

Finalmente, el libro se cierra con una reflexión sobre la crisis sistémica. Para ello retoma el concepto de Antropoceno, un diagnóstico que une la crisis socioecológica de alcance planetario con la crítica a los modelos de desarrollo vigentes. Al mismo tiempo avanza sobre algunos de los conceptos-horizontes que recorren el análisis crítico y el lenguaje de los movimientos sociales contrahegemónicos, tanto en América Latina como en Europa.