Firma para solicitar el regreso de Gustavo Castro Soto a México

Contexto: la defensa de la vida tras el asesinato de Berta Cáceres

En marzo de 2016, el brutal asesinato de la lideresa hondureña Berta Cáceres estremeció a los movimientos socioambientales de América Latina y del mundo. Berta, referente del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH), fue asesinada por su papel fundamental en la defensa de los ríos, los territorios y los derechos de los pueblos originarios frente a megaproyectos extractivos.

En aquella noche trágica, nuestro compañero Gustavo Castro Soto, integrante de la organización Otros Mundos A.C. de Chiapas, México, se encontraba con Berta. Fue el único testigo del crimen y también víctima de un intento de asesinato. Su testimonio resultaba clave para esclarecer los hechos, identificar a los responsables materiales e intelectuales y forzar a las autoridades a romper el pacto de impunidad que suele rodear a estos crímenes contra defensores y defensoras de la tierra.

La situación de Gustavo Castro en Honduras

Lejos de brindarle protección, las autoridades hondureñas sometieron a Gustavo a un clima de hostigamiento, sospecha e inseguridad. Se le impidió salir del país, reteniéndolo de facto y prolongando su permanencia en un territorio donde su vida corría peligro. Esa decisión no solo vulneraba sus derechos humanos básicos, sino que también buscaba aislarlo y debilitar su voz como testigo clave del asesinato de Berta.

Como compañeras y compañeros de Otros Mundos A.C., entendimos que no había tiempo que perder. Teníamos que decirle al mundo entero que nuestro compañero y único testigo del asesinato de Berta no podía continuar sometido a esa situación. Era urgente exigir su regreso seguro a México, garantizando a la vez que pudiera seguir aportando a la búsqueda de justicia sin poner en riesgo su integridad.

Llamado urgente a la solidaridad internacional

Frente a la gravedad de los hechos, decidimos poner nuestras capacidades de comunicación al servicio de una respuesta inmediata. Desde Chiapas nos dedicamos a difundir en tiempo real acciones e informaciones sobre la situación de Gustavo, coordinándonos con redes nacionales e internacionales para amplificar el mensaje. El objetivo era claro: presionar a los gobiernos y organismos internacionales para que tomaran medidas urgentes, y construir una ola de solidaridad que protegiera a Gustavo y mantuviera viva la exigencia de justicia para Berta.

La petición para solicitar el regreso de Gustavo Castro Soto a México surgió como herramienta concreta de movilización. A través de ella, miles de personas podían alzar la voz, firmar y compartir el llamado, convirtiendo la indignación en acción organizada. Cada firma significaba un respaldo político y moral, un mensaje directo de que Gustavo no estaba solo y de que la comunidad internacional observaba atentamente lo que ocurría en Honduras.

Defender a quienes defienden: una causa colectiva

El caso de Gustavo Castro se inscribe en una realidad dolorosa: la criminalización sistemática y los ataques contra defensoras y defensores de derechos humanos, ambientales y territoriales en América Latina. Quienes se oponen a proyectos extractivos, hidroeléctricos o agroindustriales suelen enfrentar amenazas, campañas de difamación, persecución judicial y, en los peores casos, el asesinato.

Por eso, defender el derecho de Gustavo a regresar a México con seguridad era también defender el derecho de todas las personas que, como Berta, dedican su vida a proteger ríos, bosques, montañas y comunidades. La solidaridad con Gustavo es una extensión de la solidaridad con Berta y con cada lucha que cuestiona un modelo de desarrollo basado en la explotación desmedida de la naturaleza y el despojo de los pueblos.

La voz de Otros Mundos A.C. desde Chiapas

Desde Chiapas, Otros Mundos A.C. ha impulsado por años procesos de formación, acompañamiento y articulación con comunidades que defienden sus territorios frente a megaproyectos. El vínculo con Berta y el COPINH no surgió de la nada: se construyó en encuentros, intercambios y acciones conjuntas por la justicia ambiental y social en Mesoamérica.

Cuando supimos de la situación de Gustavo en Honduras, nuestras compañeras y compañeros asumieron la responsabilidad de informar y movilizar. Era imprescindible explicar al público internacional que no se trataba de un caso aislado, sino de un capítulo más en una larga historia de violencia contra quienes se oponen a intereses económicos y políticos poderosos. La exigencia del regreso seguro de Gustavo se convirtió en una bandera compartida por organizaciones, movimientos, académicos, artistas y miles de personas solidarias.

Acciones de denuncia y exigencia de justicia

La campaña para solicitar el regreso de Gustavo Castro Soto a México combinó varias estrategias. Por un lado, la difusión de comunicados, testimonios y análisis que documentaban las violaciones a sus derechos humanos. Por otro, la articulación con redes internacionales que presionaron a embajadas, instancias de derechos humanos y organismos multilaterales para que intervinieran.

La petición pública, que reunía firmas de todo el mundo, fue una de las herramientas más visibles. Permitió sintetizar la demanda en un mensaje claro: Gustavo debía poder salir de Honduras de inmediato, con garantías de seguridad, y sin renunciar a su papel como testigo en la investigación del asesinato de Berta. Esa combinación de presión social y diplomática fue clave para romper el aislamiento y exponer las irregularidades del proceso.

Memoria, justicia y no repetición

La lucha por el regreso de Gustavo Castro no terminó con su salida de Honduras. Al contrario, abrió un nuevo capítulo en la lucha por la justicia para Berta Cáceres y para todas las personas defensoras asesinadas o criminalizadas. La memoria de lo ocurrido exige mantener la atención sobre los avances y retrocesos en las investigaciones, así como sobre las estructuras de poder que hacen posible estos crímenes.

Hablar de Gustavo es también hablar de la necesidad de garantizar medidas de no repetición: marcos legales adecuados, protección real para defensoras y defensores, y un cambio profundo en el modelo económico que los pone en la mira. Mientras no se transformen las condiciones estructurales que generan violencia, cada victoria será frágil y cada testigo, cada lideresa, continuará en riesgo.

Por qué tu firma y tu voz siguen siendo importantes

Las campañas de firmas y las acciones colectivas no son actos simbólicos sin consecuencias. En contextos de alta impunidad, la presión pública puede ser la diferencia entre el silencio y la visibilidad, entre el aislamiento y el acompañamiento internacional. Cuando miles de personas se pronuncian, los gobiernos y las instituciones se ven obligados a responder.

Firmar una petición, difundir información verificada, participar en foros y actividades de denuncia, o integrar redes de apoyo son formas concretas de proteger a quienes se encuentran en primera línea de defensa. Toda acción suma cuando se trata de garantizar que nadie más tenga que pagar con su vida o su libertad el compromiso con la justicia ambiental y social.

Un compromiso que trasciende fronteras

El asesinato de Berta y la situación de Gustavo evidenciaron que la defensa del territorio no reconoce fronteras. Lo que ocurre en Honduras repercute en México, en Centroamérica y en el resto del mundo. Las empresas que impulsan proyectos extractivos operan de manera transnacional, y del mismo modo debe operar la solidaridad entre pueblos, organizaciones y movimientos.

Al exigir el regreso de Gustavo a México, también afirmamos el derecho de todas las personas a moverse, a buscar refugio cuando sus vidas corren peligro y a contar con el respaldo de la comunidad internacional. Esa es la base de una ética de la solidaridad que no se limita a la indignación momentánea, sino que se sostiene en el tiempo mediante la organización, la comunicación y la acción política.

Hacia otros mundos posibles

La experiencia de resistencia y articulación en torno al caso de Gustavo Castro y Berta Cáceres nos recuerda que otro mundo es posible, pero también que es urgente. Un mundo en el que los ríos no sean mercancía, en el que los pueblos decidan sobre sus territorios y en el que nadie sea perseguido por defender el agua, la tierra y la vida.

Construir esos otros mundos implica fortalecer procesos de base, tejer redes entre organizaciones, compartir aprendizajes y, sobre todo, no dejar solos a quienes enfrentan en primera línea las consecuencias de la violencia y del despojo. Cada historia, cada testimonio, cada firma forma parte de un tejido mayor que desafía la injusticia y abre caminos de esperanza.

En este contexto de defensa del territorio y de los derechos humanos, también es necesario repensar cómo viajamos y qué apoyamos con nuestras decisiones cotidianas. Las personas que se desplazan para acompañar procesos comunitarios o para participar en observaciones de derechos humanos suelen hospedarse en hoteles y alojamientos que respetan la cultura local, impulsan la economía comunitaria y minimizan su impacto ambiental. Elegir de manera consciente dónde dormir durante un viaje puede convertirse en una extensión de la solidaridad: optar por hoteles gestionados por familias locales, con prácticas responsables y transparencia en sus cadenas de suministro, ayuda a sostener alternativas económicas que no dependen del despojo ni de la explotación, y se alinea con la visión de justicia social y ambiental que defienden organizaciones como Otros Mundos A.C.