El agua o el oro en El Salvador

El río San Sebastián en Santa Rosa de Lima, La Unión, muestra los estragos del drenaje ácido producido por minas de oro a pequeña escala que funcionaron hace más de 50 años. Empresas transnacionales buscan hoy activar la minería a gran escala.

Por Robin Broad (*)/John Cavanagh (**)

WASHINGTON – Hace 30 años, miles de pobladores de la comunidad de Santa Marta, en El Salvador, huyeron del ejército nacional, el cual quemaba sus casas y cultivos durante la etapa inicial de la guerra civil en ese país, que duró 12 años. Docenas de personas murieron cruzando el río Lempa hacia los campos de refugiados en Honduras.

Hoy los pobladores de esta zona luchan contra empresas mineras que buscan explotar las vetas de oro cercanas al río Lempa –la principal fuente de agua para más de la mitad de los 6.2 millones de salvadoreños–. Una vez más, civiles reciben amenazas y son asesinados.
La meta actual de las comunidades es hacer de este país el primero en prohibir la minería de oro. Nosotros viajamos a El Salvador para averiguar si esta lucha puede ganarse. Nos recibió Miguel Rivera, el hermano de Marcelo Rivera, un líder comunitario contra la minería que
fue desaparecido, torturado y asesinado en junio de 2009, de una forma que recuerda a los escuadrones de la muerte de la guerra civil de los 80s.

En nuestro recorrido por los caminos montañosos que llevan a Santa Marta, en el norteño departamento de Cabañas, le preguntamos a Miguel: “¿Cómo llegaste a oponerte a la minería?” Miguel señaló nuestra botella de agua y nos dijo: “Igual que ustedes, nuestra prioridad es el agua”. Luego escucharíamos muchos testimonios que coincidieron: “Agua para la vida”, para tomar, pescar, cultivar —y no sólo para Cabañas, sino para el país entero.

Miguel nos llevó a la oficina de la Asociación de Desarrollo Económico y Social (ADES), donde él trabaja; allí pobladores locales nos contaron cómo habían empezado a oponerse a la minería. Vidalina Morales, trabajadora de ADES, reconoció que “inicialmente pensamos que la minería era buena y que nos iba a ayudar a salir de la pobreza… a través de empleos y desarrollo”.

La empresa minera que había llegado a Cabañas era Pacific Rim, con sede en Vancouver, Canadá. Esta empresa es una de varias que se interesaron por obtener permisos de explotación minera en la cuenca del río Lempa. En 2002, Pacific Rim adquirió una compañía que tenía una licencia de exploración para un sitio en Cabañas. Francisco Pineda, un productor de maíz y organizador del Comité Ambiental de Cabañas, nos habló de sus impresiones de cuando se secó el río cerca de sus tierras: “Fue muy raro, eso nunca había pasado antes. Así que fuimos al río a investigar… y encontré una bomba de Pacific Rim que estaba bombeando agua para los pozos exploratorios. Y preguntamos: ´si están usando tanta agua en esta etapa de exploración, ¿cuánta usarán cuando empiece la minería en sí?´”

Francisco, Marcelo, Miguel, Vidalina y otros se dieron a la tarea de aprender todo lo posible acerca de la minería de oro. Ya sabían que Cabañas era vulnerable a terremotos, con fuerza potencialmente suficiente para reventar los diques que construyen las empresas
mineras para retener el agua fortificada con cianuro que utilizan para separar el oro de la roca. Viajaron a comunidades mineras en Honduras, Costa Rica y Guatemala, y regresaron con historias de la contaminación de ríos y tierras aledañas a la mina. Recurrieron a expertos en calidad de agua, investigadores universitarios y grupos internacionales como Oxfam y asistieron a seminarios sobre minería. Descubrieron que sólo una muy reducida parte de las ganancias de Pacific Rim se quedaría en el país y que la mina tenía una proyección de vida útil de sólo seis años. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza señala que las personas en Cabañas que “viven cerca de los sitios donde se realizan actividades de exploración minera ya han empezado a observar impactos ambientales —acceso reducido al agua, aguas contaminadas, impactos en la agricultura y problemas de salud”.

En reuniones con las comunidades, ejecutivos de Pacific Rim afirmaron que dejarían el agua más limpia de como la encontraron. Uno dijo que el cianuro era tan inofensivo como para tomar un vaso con la bebida local preferida y un chorro del químico agregado. El ejecutivo, nos dijeron, se retractó cuando los pobladores le pidieron que él mismo experimentara eso.

En 2009, los sentimientos contra la minería eran ya tan fuertes que durante la campaña electoral tanto el entonces presidente Antonio Saca, como el exitoso candidato Mauricio Funes se manifestaron en contra de ella. Mucho del crédito de esa hazaña se lo merece la Mesa  Nacional contra la Minería Metálica de El Salvador que se formó en 2005, cuando los líderes de Cabañas comenzaron a reunirse con grupos de otros departamentos, así como grupos de investigación, desarrollo, asistencia legal y derechos humanos. Entre las metas de la Mesa están ayudar a la resistencia a nivel local; lograr la aprobación de una ley nacional para prohibir la minería metálica; vincular las luchas anti-mineras en Honduras y Guatemala, ya que el curso del río Lempa pasa por esos dos países, y enfrentar el proceso de arbitraje internacional que Pacific Rim ha emprendido en contra de El Salvador bajo las reglas de inversión del tratado de libre comercio.

En Cabañas, a medida que la coalición anti-minera se fortaleció con apoyos de la Iglesia Católica, de pequeñas empresas y del público en general, crecieron las tensiones. Mientras aún existen dudas, muchos activistas creen que las fuerzas pro mineras son las responsables del  asesinato de Marcelo Rivera en 2009. A finales de ese año, durante un periodo de seis días, dos activistas más fueron asesinados. Uno de ellos fue una mujer con ocho meses de embarazo; además, un niño de dos años que ella cargaba en brazos fue herido. Desconocidos entraron en la casa de los líderes de MUFRAS-3, otro grupo comunitario, mientras ellos y su hija dormían. Los intrusos robaron documentos relacionados con su trabajo de oposición.

Muchos de los entrevistados han recibido amenazas de muerte. Una persona nos contó que había rechazado una oferta de dinero para reunirse con representantes de Pacific Rim e informarles de las actividades anti-minería.

En junio, cerca de dos años después del asesinato de Marcelo Rivera, se encontró el cuerpo de un estudiante voluntario del Comité Ambiental de Cabañas, con dos balas en la cabeza. Como resaltó el comunicado de prensa de la Mesa: “Fue visto por última vez por sus compañeros  activistas ambientales (…) distribuyendo hojas volantes contra la minería metálica en preparación de una consulta pública a realizarse en el sector minero”. La Mesa clamó: “Ni una mina más, ni una muerte más”.

(*) Catedrática de la Escuela de Servicio Internacional de la American University.
(**) Director del Institute for Policy Studies de Washington D.C.

Este artículo es un extracto de Robin Broad y John Cavanagh, Like Water for Gold in El Salvador. (http://su.pr/32m7Rr)