La minera Cerro de Maimón al banquillo de los acusados

Colaboración de Vianco Martínez

SANTO DOMINGO (R. Dominicana).- Solo, acorralado, sin dinero, sin compadres en las élites del poder y con apenas una mano y una pierna para defenderse, don Alfredo Zacarías, el hombre de 81 años que enfrenta a la minera Cerro de Maimón, logró sentar en el banquillo de los acusados a esta empresa multinacional.

Este martes 25 de septiembre, a las nueve de la mañana, los ejecutivos de la Corporación Minera Dominicana (CORMIDOM) tendrán que comparecer ante el juez Ramón Rosario Hernández, de la Cámara Civil y Comercial de Bonao, provincia Monseñor Nouel, a responder ante la demanda por daños y perjuicios interpuesta por don Alfredo el 2 de enero de 2009.

Propietario hace más de 50 años de una finca de 508 tareas con la que levantó a sus hijos y sus nietos, don Alfredo Zacarías ha sido acosado por la empresa minera, al extremo de que, según su denuncia, le rompieron su casa por diecisiete partes con las explosiones de dinamita, le envenenaron sus aguas, le intoxicaron su ganado y le echaron a perder sus plantaciones de cacao y productos menores.

Mientras reparte como dádiva lo que es una obligación impuesta por el Artículo 117, párrafo II, de la Ley 64-00, de Medio Ambiente y Recursos Naturales, la minera sigue despedazando las montañas de Maimón, que antes eran un paraíso, contaminando los ríos, que han perdido visiblemente su caudal y se han vuelto turbios, y haciendo inhabitable la zona.

La Corporación Minera Dominicana –Cerro de Maimón- realiza sus operaciones en la franja comprendida entre las comunidades Los Martínez y Copey, donde según reportes geológicos, hay reservas probadas de mineral de 4.1 toneladas métricas, con una concentración de cobre de 2.9 por ciento, una concentración de zinc de 1.8 por ciento, un contenido de oro de 1 gramo por cada tonelada y un contenido de plata de 35 gramos por cada tonelada de mineral.

En cuatro años de operaciones, Cerro de Maimón ha convertido la comunidad Los Martínez en un pueblo de damnificados, despojándola de lo que siempre fue su tesoro principal: la tranquilidad.

 

Fuente: Acento