Historia de la Revolución del Coco, la primera revolución ecológica exitosa del mundo

bougainville_copper-1era-revolucion-ecologicaBougainville es una isla situada en el océano pacífico, al noroeste de Australia.

Es la isla más grande del archipiélago de las Islas Salomón y actualmente aún pertenece al estado de Papúa Nueva Guinea.

Descubierta por los colonizadores occidentales en 1768, la isla ha sido víctima de los típicos vaivenes coloniales y ha sido utilizada como mera moneda de cambio entre las grandes potencias occidentales.

Así ha sido como durante los dos últimos siglos, Bougainville ha estado bajo jurisdicción alemana, australiana, japonesa y actualmente de Papúa Nueva Guinea.

Por lo tanto, la población de Bougainville lleva más de dos siglos sin poder decidir sobre su futuro, sometida a las decisiones y a los intereses de potencias extranjeras.

Una situación que los habitantes de la isla han decidido cortar por lo sano.

Quizás penséis que este es un caso repetido muchas veces a lo largo y ancho del mundo y que no tiene nada de particular. Pero en el caso de Bougainville se reúnen una serie de factores que convierten su revolución y su lucha en un caso especial.

Porque Bougainville no es una isla cualquiera, ya que dispone de un entorno natural privilegiado: la isla está cubierta por una frondosa selva y dispone de abundantes recursos hídricos, así como de una tierra fértil y productiva.

Sin embargo, alberga un tesoro en sus entrañas que es la fuente de todas sus desgracias: dispone de ricos yacimientos de metales y minerales.

 

El detonante de la revolución

Sin duda, Bougainville no habría sufrido lo que ha sufrido si sus riquezas minerales no hubieran despertado la codicia desenfrenada de las grandes compañías mineras.

Todo empezó en 1967, cuando la isla aún estaba bajo jurisdicción australiana. Fue entonces cuando un gigante minero mundial, la empresa británica Rio Tinto Zinc, a través de una subsidiaria australiana, Bougainville Copper Limited, abrió una enorme mina de cobre al aire libre, llamada mina Panguna. Cuando la calificamos de “enorme” no exageramos en lo más mínimo.

Esa explotación se convirtió en la operación minera más grande del mundo. Se excavó en el centro de la isla, en plena selva y llegó a tener una profundidad de 500 metros y una superficie de 7 kilómetros cuadrados.

Durante su excavación se arrasaron colinas, selvas y territorios de caza indispensables para la supervivencia de los habitantes del lugar, que vieron, consternados, como el entorno del que dependían y en el que vivían plenamente integrados desde hacia siglos, quedaba destruido para siempre.

De los 3000 millones de dólares en beneficios que obtuvieron los propietarios de la mina, tan solo unos pocos miles fueron destinados a indemnizar a los habitantes locales.

Y no solo eso. La población desplazada por la mina fue reubicada en tierras yermas donde se construyeron pueblos con casas prefabricadas y en los que, ni el gobierno ni la compañía minera, les ofrecieron ningún tipo de ayuda.

Llama la atención el caso de unos de esos poblados, donde ni tan solo tuvieron la generosidad de construirles una escuela para los niños, por lo que los habitantes tuvieron que construirla pagándola de sus propios bolsillos, a pesar de que para la compañía minera, que estaba ganando cantidades astronómicas de dólares con la explotación, construir la escuela habría representado un dispendio ridículo.

La destrucción ecológica provocada por esa enorme explotación minera provocó una primera oleada de protestas y movilizaciones en 1969, que se alargó durante varios años.

 

El desastre ecológico

Pero esa inmensa mina no solo dejó una imperecedera cicatriz en el corazón de la isla. Provocó además una auténtica catástrofe ecológica por culpa de los vertidos contaminantes procedentes de la explotación.

Miles de toneladas de desperdicios terminaron en el río Jah, contaminando sus aguas y las tierras circundantes con cobre, mercurio, plomo y arsénico. Eso acabó con la vida salvaje en sus alrededores y destruyó los bosques cercanos al río, convirtiéndolos prácticamente en un paisaje lunar.

Pasadas las décadas, el agua del río sigue sin poder beberse y siguen sin aparecer peces. Según los habitantes del lugar, ni tan solo se puede nadar en él: el sistema ecológico del río Jah está dañado por completo.

Ese fue el factor clave que finalmente empujó al pueblo de Bougainville a la revolución y a luchar por su independencia.

 

Cómo estalló la revolución

A pesar de las protestas, la enorme explotación minera continuó en funcionamiento durante años, incluso después del año 1975, cuando Papúa Nueva Guinea se independizó de Australia.

Uno podría pensar que con el establecimiento de un nuevo estado libre, la conducta respecto la población de Bougainville se alejaría del desprecio y la prepotencia demostrados por las autoridades australianas, herederas directas de las actitudes coloniales británicas más clásicas.

Pero no fue así. La mina, aún propiedad de las mismas compañías, siguió en funcionamiento exactamente igual durante años, destruyendo gravemente el entorno ecológico de la isla, ahora con la complicidad de un nuevo gobierno: el del nuevo estado de Papúa Nueva Guinea.

Fue entonces cuando se produjo el punto de inflexión del conflicto, en el año 1988, un acontecimiento que acabaría derivando en la Revolución del Coco.

Todo se inició cuando la Asociación de Jóvenes Dueños de Tierras de Bougainville, encabezados por Francis Ona, consiguieron forzar una reunión con los propietarios de la mina, en la que les reclamaron que clausuraran la explotación y les indemnizaran con 10 mil millones de dólares por los graves daños ocasionados por tantos años de contaminación y destrucción del medio ambiente. La respuesta de los dueños de la mina no pudo ser más ofensiva: literalmente se rieron de ellos en la cara.

Es decir, los responsables de la compañía minera no se conformaron con actuar con prepotencia, contaminar gravemente la tierra por generaciones y dejar una cicatriz perpetua en el paisaje de Bougainville; encima, se atrevieron a burlarse de los habitantes de la isla en sus mismísimas narices.

Y fue un error grave. La gota que colmó el vaso.

A Francis Ona, que había sido empleado de la propia empresa minera Bougainville Copper Limited, no le gustó que se rieran de él y de su gente de esa manera, tras tantas décadas soportando abusos y atropellos.

Evidentemente, podría haber reaccionado rebajando sus peticiones o implorando servilmente algún tipo de concesión a los amos de la mina. Quizás podría haber organizado una festiva manifestación con pitos y pancartas o incluso podría haber hecho algún tipo de reclamación por vía legal al estado de Papúa Nueva Guinea, el mismo estado que se beneficiaba económicamente de la destrucción de su hogar.

Pero Francis Ona y sus compañeros tomaron una decisión mucho más directa y audaz: “si ellos no cierran la mina, la cerraremos nosotros”.

Fue entonces cuando él y sus compañeros entraron por la fuerza en los almacenes de la mina Panguna y robaron 50 kgs de explosivos, con los que sabotearon las lineas eléctricas que alimentaban la mina y los accesos a la explotación, así como parte de las instalaciones.

Cuando el estado de Papúa Nueva Guinea tuvo noticias de la rebelión que se producía en Bougainville, mostró su auténtico rostro. Temeroso de perder la mitad de las exportaciones del país si se clausuraba la explotación minera de Panguna, el gobierno papuano decidió reprimir con extrema violencia la revuelta, sin establecer ningún tipo de negociación ni diálogo con la gente de Francis Ona o los habitantes de la isla.

Papúa Nueva Guinea envió a las tropas y quemó casas, golpeó a la población e incluso mató a varios habitantes de la isla a modo de escarmiento.

Ese fue el segundo gran error, esta vez perpetrado por el gobierno de Papúa Nueva Guinea.

Con ello solo consiguieron que la población de Bougainville simpatizara con Francis Ona y sus seguidores y nació así una guerrilla, que con el tiempo seria conocida como BRA (Bougainville Revolutionari Army o Ejército Revolucionario de Bougainville).

El BRA, liderado por Francis Ona nació con un triple objetivo:

  • Luchar por la cultura propia de Bougainville
  • Luchar por la tierra y el medio ambiente de la isla
  • Luchar por la independencia de la isla, con el fin de que sus habitantes decidieran su futuro sin tutelas externas de ningún tipo.

Acababa de iniciarse la Revolución de Bougainville, una lucha tremendamente desigual que llevaría a que un grupo de personas muy precariamente armadas, se enfrentasen contra un estado que disponía de un ejército regular equipado y entrenado por la poderosa Australia, (que pretendía proteger sus intereses comerciales en la isla) y contra una de las mayores y más poderosas compañías mineras del planeta, Rio Tinto Zinc, un monstruo con profundas ramificaciones financieras que la unían con la mismísima familia Rothschild.

A estas alturas, es posible que muchos de los lectores piensen que este artículo pretende glorificar las revoluciones violentas, la lucha armada o la creación de guerrillas para luchar contra los poderes fácticos.

Pero esta no es la intención del artículo.

Uno puede estar más o menos de acuerdo con los diferentes métodos de protesta o de rebelión contra los opresores y dejaremos las opiniones al respecto a criterio de cada uno.

Lo realmente significativo de la Revolución del Coco es la increíble muestra de dignidad, creatividad, ingenio, convicción y fe en las propias posibilidades del pueblo de Bougainville. Hasta el punto de que llegaron a obrar un auténtico milagro.

 

El milagro de la Revolución del Coco

Puede parecer increíble, pero en sus inicios, los guerrilleros del BRA no disponían prácticamente de armas. Tal y como lo decimos.

A diferencia de muchos otros movimientos guerrilleros aparecidos en otras partes del mundo, no hay constancia de que nadie acudiera en defensa de los rebeldes de Bougainville, pues no estaban adscritos a ninguna ideología ni corriente internacional, ni disponían de dinero ni recursos para comprar armas desde ese remoto rincón del mundo.

Para enfrentarse a la represión del ejército de Papúa Nueva Guinea, que disponía de fusiles de asalto y helicópteros y disfrutaba del apoyo directo de Australia, los guerrilleros del BRA tuvieron que agudizar su ingenio hasta límites que rozan el surrealismo.

Disponiendo tan solo de las piezas de deshecho abandonadas en la mina y con las precarias herramientas que tenían a mano, los guerrilleros de Francis Ona se vieron obligados a construir a mano sus propias armas.

Una de esas primeras armas consistió en un sucedáneo de fusil, que mediante un ingenioso resorte y algo parecido a una goma era capaz de disparar una flecha. Algo así como un cruce entre tirachinas, ballesta y fusil.

Con esas armas primitivas, pretendían luchar en las espesas selvas de la isla, con el objetivo de ir derrotando soldados enemigos y poder arrebatarles sus fusiles de asalto. Y lo más increíble es que lo consiguieron.

Con el paso de los meses, los guerrilleros del BRA consiguieron apoderarse de 2300 armas automáticas, arrebatadas a su enemigo, hasta conformar una auténtica guerrilla armada. Ese fue el primer gran milagro conseguido por la gente de Bougainville.

Pero fue aquí cuando el gobierno de Papúa Nueva Guinea, emprendió una maniobra extremadamente cruel y sucia, que es precisamente, la que convierte esta revolución en un fenómeno tan extraordinario.

Ante la fuerte oposición presentada por la población de Bougainville y tras perder el control de gran parte de la isla, el gobierno papuano, con el apoyo de Australia, inició un insidioso bloqueo sobre Bougainville, con el fin de evitar que sus habitantes recibieran suministros de ningún tipo: ni víveres, ni medicamentos, ni gasolina para utilizar los vehículos que aún permanecían en la isla. Fue un auténtico estado de sitio al más puro estilo medieval.

Un férreo bloqueo que se alargó durante 7 largos años y cuyo fin era doblegar la moral de la población de Bougainville y tratar de enfrentar entre sí los diferentes clanes de la isla, hasta conseguir que se revolvieran contra los guerrilleros del BRA y los culpabilizaran de su terrible situación de precariedad.

El objetivo era pues, derrotar la rebelión desde dentro a través de la miseria y el hambre.

Y lo cierto es que el bloqueo funcionó. Durante 7 años, prácticamente no entró ni un solo medicamento, ni un solo alimento, ni una sola gota de combustible en la isla de Bougainville.

Sin embargo, tras 7 años de asfixia total, la población de Bougainville seguía luchando, seguía alimentándose, seguía disponiendo de electricidad y los guerrilleros del BRA se movían a toda velocidad a lo largo y ancho de la isla, montados en sus todoterrenos…sin usar ni una sola gota de gasolina…

¿Cómo obraron tamaño milagro?

 

Cómo superaron el bloqueo

Sin lugar a dudas, ante unas circunstancias tan duras y desesperadas, muchos de nosotros ya nos habríamos rendido.

Pero la gente de Bougainville, ante la necesidad imperiosa de encontrar mecanismos de supervivencia, afilaron su ingenio y realizaron una demostración de inventiva, voluntad, dignidad y convicción dignas de ser estudiadas.

Y lo consiguieron buscando las soluciones a sus problemas en la propia tierra, en los recursos ecológicos y en los conocimientos ancestrales heredados de sus antepasados.

La primera conclusión a la que llegaron los habitantes de la isla fue que, para sobrevivir, cada familia debía conseguir ser autosuficiente en lo referente a su sustento.

Cada familia se vio obligada a cultivar su propio huerto, aplicando un cultivo rotativo de la tierra en el que se aprovechó cada tipo de cultivo disponible en la isla.

Así fue como cultivaron boniatos, plátanos, mandioca, ñame, caña de azúcar, papayas, patatas, cebollas, maíz, tomate, etc…

Con esos cultivos, bien organizados, consiguieron superar el primer problema fundamental en la isla bloqueada: no pasar hambre y ser autosuficientes, aprovechando la tierra fértil de la que disponían y la naturaleza generosa de la isla.

Pero si hay un cultivo esencial en Bougainville que explica el porqué del triunfo de la voluntad de su gente, ha sido el cultivo del coco, el gran símbolo de esta asombrosa revolución. Y es que los habitantes de Bougainville, acuciados por la necesidad, se vieron obligados a aprovechar cada parte del coco.

Para empezar, aprovecharon los valores alimenticios de la pulpa y de la leche de coco, ricas en hierro, como alimentos nutritivos y fortalecedores. La piel, exprimida y hervida se utilizó para curar heridas y como repelente de los mosquitos y las hojas de los cocoteros se usaron para elaborar canastas y utensilios similares. El aceite de coco se utilizó para hacer funcionar lámparas y para fabricar jabón. Incluso lo utilizaron como aceite lubricante para limpiar las armas de fuego y mantenerlas en perfecto estado.

Pero los habitantes de Bougainville no solo nos podrían dar lecciones acerca del aprovechamiento de los recursos agrícolas. También pueden ofrecernos a todos una impresionante lección de reciclaje y reutilización ingeniosa de los recursos disponibles.

Con los restos de la maquinaria abandonada en la mina y con las piezas y recambios que allí encontraron, fueron capaces de construir sus propias casas, creando sus propias cerraduras y llaves fabricadas por ellos mismos, y lo que aún resulta más sorprendente: dotarlas de electricidad, a pesar de no disponer de suministro eléctrico exterior ni de combustible para hacer funcionar los generadores.

Mediante una admirable demostración de ingenio fueron capaces de reciclar todo tipo de piezas y motores viejos para construir, nada más y nada menos, que centrales hidroeléctricas en medio de la selva, capaces de canalizar el agua desde lo alto de las colinas a lo largo de viejas tuberías, con el fin de mover precarias turbinas con las que generar electricidad para iluminar sus chabolas.

Lo más sorprendente es que llegaron a construir 50 de estas pequeñas centrales hidroeléctricas improvisadas, capaces de funcionar las 24 horas en medio de la selva. Pero lo que sin lugar a dudas sorprende más es su capacidad para hacer funcionar vehículos motorizados con los que desplazarse por la isla y combatir cara a cara con el ejército papuano.

¿Cómo es posible que los guerrilleros del BRA, tras 7 años de bloqueo y sin apenas gasolina procedente del contrabando, fueran capaces de desplazarse a toda velocidad por la isla montados en todoterrenos y furgonetas?

De nuevo, la respuesta a este “milagro” la hallamos en el mayor aliado de la gente de Bougainville: el coco. Los habitantes trituran la pulpa del coco, extrayendo su leche, que luego es fermentada y hervida hasta elaborar el aceite de coco. Con 15 cocos son capaces de obtener un litro de aceite de coco de “primer grado”.

Ese aceite de alta calidad es usado como gasolina para los viejos vehículos que han conseguido recuperar de la mina, muchos de ellos potentes todo terrenos.

A pesar de que deben ser arrancados empujando, el hecho más notable es que una vez en marcha contaminan mucho menos y consiguen el doble de kilometraje que el que obtendrían con el uso de gasolina normal. Es por esa razón que la Revolución de Bougainville ha sido llamada la Revolución del Coco.

*Este artículo está basado en el documental The Coconut Revolution (la Revolución del Coco), dirigido por Dom Rotheroe y producido por Darren Bender y Mike Chamberlain.

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