Miembros de la REMA estuvieron presentes en las Jornadas del Vaticano

Unos 30 representantes de comunidades afectadas por la minería de África, Asia y América Latina asistieron en el Vaticano a un encuentro, bajo el lema “Jornada de reflexión: Unidos a Dios escuchamos un grito”, dedicado a las duras condiciones de la explotación minera.

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La Red Mexicana de Afectados por la Minería -REMA- en representación de dos compañeras que pertenecen a las resistencias contra la minería en Guerrero y Colima participó en el evento de Representantes de Comunidades Afectadas por la Industria Minera celebrada con el Pontificio Consejo Justicia y Paz, del 17 al 19 de julio en el Vaticano, Italia.

Al regreso de las actividades la Red envió una carta de agradecimiento que compartimos a continuación:

Cardenal Peter K. A. Turkson
Presidente Pontificio Consiglio della Giustizia e della Pace

Julio del 2015

A nombre de la Red Mexicana de Afectados por la Minería -REMA-, le agradecemos la invitación y la atención brindada para nuestras compañeras; Ana Yazmín Celso Peña y Carmen Guzmán Zamora, de las comunidades de Carrizalillo, estado de Guerreo y de Zacualpan, estado de Colima respectivamente.

Para ellas y nosotros fue un honor que hayan podido hacer manifiesta su palabra y experiencia en la reunión de “Representantes de Comunidades Afectados por la Industria Minera” celebrada con el Pontificio Consejo Justicia y Paz, del 17 al 19 de julio en el Vaticano/Roma/Italia.

La experiencia vivida por nuestras compañeras seguramente redoblará los esfuerzos para continuar su lucha y resistencia contra las empresas mineras que asolan a sus comunidades, a la vez que van creando condiciones indescriptibles para el desarrollo de la vida comunitaria, espiritual y familiar.

En México, y en particular las y los integrantes de REMA, pero no solo nosotros como movimiento, estamos ciertos de que el Modelo Extractivo Minero pondera el despojo y el saqueo de la vida, por lo tanto, requiere de todos nuestros esfuerzos y aliados para poder detenerlos y que sean juzgados y sentenciados por lo que han y siguen destruyendo.

Esperamos que las palabras de Any y de Carmen, así como del resto de las y los asistentes compañeros de todo el mundo, hayan calado hondo en su espíritu y sensibilizado los corazones de todos los presentes, de tal forma que logremos en un futuro refrendar una lucha compartida a favor de los pueblos y en contra de estas empresas depredadoras de la vida, empresas que presumen su posición de poder hegemónico y que por ello no merecen procesos de diálogo sino de rendición de cuentas.

Por supuesto que no podemos despedirnos de usted sin que le haga llegar a Su Santidad Francisco, todo nuestro agradecimiento por esta invitación, además de mencionarle que le reconocemos la posición adquirida y manifiesta en su encíclica “Laudato Sii”, la cual sin duda alguna, desde ahora está poniendo nerviosos a muchos de los poderes económicos que han vivido históricamente del despojo de los pueblos.

Nuevamente agradecemos toda la hospitalidad para con nuestras compañeras y con nosotros, y estaremos muy atentos al análisis que realicen de este encuentro, además de quedar pendientes de los pronunciamientos que seguramente emitirán al respecto. Por último, manifestamos nuestro interés de continuar en contacto con usted, para seguir discutiendo sobre esta terrible problemática de la extracción minera depredadora.

En el Periódico de México expresaron que «Con este encuentro de tres días, explica Turkson, el dicasterio “reúne representantes de comunidades golpeadas en distintas formas por diversas actividades mineras. Traen también, en un cierto sentido, el grito de aquellos que no han podido venir, de las zonas y situaciones que no están representadas, que a menudo no son vistas por los expertos y por comentaristas”»

Al encuentro, las compañeras llevaban no solo sus vivencias, sino la de todos los demás afectados por este devastador modelo extractivo minero. En nombre de todas y todos ellos entregaron la siguiente misiva:

Su Santidad Papa Francisco
P R E S E N T E

Julio 2015, Ciudad del Vaticano

Quienes respetuosamente nos dirigimos a Usted a través de esta carta somos un grupo amplio de comunidades, ejidos, pueblos y organizaciones sociales, indígenas, campesinas y de defensa de derechos humanos y medioambiente mexicanas que desde el 2008 integramos la RED MEXICANA DE AFECTADOS POR LA MINERÍA (REMA).

Consideramos que para nosotros es muy importante que usted sepa que, quienes somos la REMA, no buscamos la confrontación contra el progreso y desarrollo, sino todo lo contrario. En la REMA, imaginamos comunidades donde la gente pueda realizar su potencial más alto asegurando sus necesidades básicas y aumentando sus opciones vitales, trabajamos en la construcción conjunta con comunidades que generen formas más amplias y hondas de satisfacción que la proporcionadas por el mero consumo de objetos materiales, comunidades donde la gente pueda interactuar con la confianza de que su entorno es un lugar seguro, educativo, libre y espiritualmente satisfactorio, en el que vivir y donde la comunidad con ética incluya, en un sentido amplio, a toda la naturaleza -la humana y la no humana-. Sin embargo, nuestros deseos encuentran muchas dificultades.

Como Usted bien lo sabe, el actual «modelo extractivo minero» ha demostrado ser altamente devastador en todo el mundo. A propósito de El encuentro de Representantes de las Comunidades afectadas por las Actividades Mineras con el Pontificio Consejo Justicia y Paz al que hemos sido convocados, queremos hacer de Su conocimiento que en México, la amenaza de ese mismo «modelo extractivo minero» sobre comunidades, ejidos, pueblos y millones de hectáreas de territorio es inminente e inconmensurable. Los daños asociados a ella son notables: militarización del territorio, violaciones a los derechos humanos, división de comunidades, atentados contra la integridad física y emocional así como criminalización de defensores y luchadores sociales, además de la terrible y irreversible contaminación de la tierra, del agua y del aire, la devastación de la vegetación que acelera la erosión y desertificación, pérdida de soberanía alimentaria y biodiversidad, empleos precarios, perdida identitaria, cultural y espiritual, así como genera altísimas contribuciones al cambio climático, lo que en conjunto repercute terriblemente en afecciones a la salud, son algunos de ellos cuando las mineras hacen su aparición.

No menos conocido es el hecho de que la «internacionalmente aclamada» reforma energética impulsada el pasado año 2014 por el gobierno federal del presidente Peña Nieto y validada -desde el PACTO POR MÉXICO- por las principales fuerzas políticas de la República, ha venido a perfeccionar un modelo de desarrollo que -frente a la satisfacción de necesidades-, continúa apostando por la reproducción, acumulación y centralización del capital profundizando con ello las injusticias socioambientales, las violaciones a los derechos de los pueblos quienes sufren directamente en los territorios los daños de la extracción, y se acrecentan los desequilibrios de poder en una sociedad que -al operar bajo el principio de que tener el poder es tener la razón- coloca a cada vez más personas en una situación de vulnerabilidad, obstaculizando su acceso a las condiciones de vida que hacen posible la dignidad. En este sentido, la minería en México vulnera la dignidad humana.

Desde la REMA, consideramos que debido a su extraordinaria capacidad depredadora, la minería constituye uno de los ejes de conflictividad social más significativos a tener en cuenta en los próximos años en nuestro país.

Queremos decirle que para nosotros la minería no empieza con alguna fase de trabajo de las empresas extractivas. Para nosotros, la minería -y la política de saqueo y despojo a la que obedece- inicia con la entrega desmesurada de concesiones mineras en todo el territorio nacional por parte del gobierno mexicano. En nuestro país han sido entregadas cerca de 32 mil concesiones, lo que supone la ocupación de entre el 17 y el 19% del total de la superficie de México. Cada una de esas concesiones fue entregada sin que los pueblos siquiera estemos enterados y debidamente informados sobre ello. Tenemos una ley que permite pasar por encima de la decisión de los pueblos a tal grado que permite que en México las empresas mineras paguen por derechos de cada concesión entre medio Euro y hasta 3 Euros por hectárea. También en México, empresas tan “afamadas como la Goldcorp” realizan acciones para la compra fraudulenta de tierras y actúan con dolo una y otra vez sin que sean llamadas a la rendición de cuentas, al mismo tiempo que sus acciones van encaminadas a la creación de conflictos y divisiones comunitarias.

Bajo esta lógica nos preguntamos qué tan factible es el diálogo y la participación de las comunidades con las empresas mineras; qué tan viable es iniciar un diálogo en un proceso en donde los grandes capitales actúan en complicidad con los gobiernos para hacen leyes y reglamentos a modo para que sean las empresas quienes puedan utilizar nuestros bienes naturales para su propio enriquecimiento, al tiempo que destruyen la vida; nos preguntamos si es factible el diálogo con un modelo extractivo hegemónico y por ende dominante, que pasa por encima de los derechos de los pueblos.

Estimado Papa Francisco, frente a esta dura realidad que además la hemos documentado, la RED MEXICANA DE AFECTADOS POR LA MINERÍA (REMA), a través de nuestro repertorio de acciones colectivas orientadas a impedir la instalación de obras y/o proyectos contrarios a los intereses de los pueblos y a construir autonomías locales que favorezcan la satisfacción de nuestras necesidades vitales, ratificamos día a día nuestro compromiso con la defensa de los derechos humanos, del territorio y del medioambiente, en definitiva, con la defensa de la dignidad humana. A través de asesoría técnica, de publicaciones de educación popular, de cursos de formación, de estrategias jurídicas, de acciones solidarias, del diálogo entre los pueblos y de organización de encuentros regionales y nacionales que han contado con la presencia de personalidades del nivel del Obispo de Saltillo Raúl Vera, quien se ha destacado como una voz crítica contra la minería, damos cuenta de ello.

Valga aquí comentarle que la REMA actúa fundamentalmente inspirada por la idea de que el poder para decidir reside en los propios ciudadanos. Esta convicción, indispensable para asegurar que el control sobre los territorios y la reproducción de la vida no quede subordinada a las respectivas autorizaciones técnicas o a la voluntad de los operadores jurídicos, políticos y/o económicos ha hecho posible que, en una época en la que muchos referentes sociales de validez colectiva se ven constreñidos para articular medios y fines, las luchas y organizaciones de la REMA continúen impulsando -no sin dificultades- una política encaminada a transformar la realidad.

Por todo lo anterior y por la voluntad que durante Su pontificado al frente de la Iglesia Católica Romana ha mostrado hacia los más vulnerables, respetuosamente nos atrevemos a solicitarle que,

Primero.- El Pontificio Consejo Justicia y Paz y Usted mismo se conviertan en voceros de las luchas y resistencias de los pueblos que ya sufren o sufrirán las consecuencias del modelo extractivo minero y que se sumen a la creciente demanda y establecimiento de territorios libres de minería.
Segundo-. Qué todo el potencial de la Iglesia Católica se despliegue a favor de las luchas, resistencias y pueblos afectados por la minería.
Tercero.- Que instruya a los jerarcas de la Iglesia Católica mexicana no sólo para que dejen de censurar a los sacerdotes que en nuestras comunidades y pueblos han decidido luchar junto a nosotros los afectados, si no para que los respeten, protejan y animen en su labor pastoral.
Por último y muy agradecidos por Su atención, le hacemos llegar nuestro saludo fraternal, no sin antes reconocerle el compromiso que ha mostrado con nuestra causa a través de la publicación de la encíclica ecológica “Laudato Sii”. De todo corazón esperamos que este histórico documento genere cambios profundos en el pensamiento y la práctica social, cambios en las ideas morales y los valores humanos que consideramos necesarios para que los gobiernos, que continúan siendo poco sensibles a las necesidades de quienes mayoritaria y desproporcionadamente son receptores de los riesgos y daños generados por la industria minera, asuman suficientemente el hecho de que la desigualdad y los desequilibrios de poder en cualquier sociedad son la causa fundamental de la destrucción del territorio, la sobreexplotación de los bienes comunes naturales y las violaciones a los derechos humanos.

Por otra parte diversos medios internacionales se hicieron eco de este encuentro, destacando que

La Red Mexicana de Afectados por la Minería -REMA- así como todos los integrantes del Movimiento Mesoamericano contra el Modelo extractivo Minero -M4- nos congraciamos de haber compartido esta experiencia con personas de otros movimientos también en defensa de sus territorios y contra el devastador modelo extractivo minero. Alentamos la resistencia y construcción de alternativas para vivir nuestras vidas con dignidad y autodeterminación.