El cambio climático desde una perspectiva de género

Si bien el cambio climático afecta a todo el planeta y a sus habitantes, su impacto se distribuye de modo desigual. Las personas más vulnerables son aquellas más desfavorecidas –en múltiples términos: económicos, sociales, culturales, políticos. Las mujeres son mayoría entre estos colectivos y, como tales, sufren de primera mano y de forma acentuada sus efectos negativos. A la vez, son minoría entre quienes dibujan las estrategias climáticas y energéticas mundiales. Hay que acentuar la perspectiva de género en la lucha contra el cambio climático, de modo que hombres y mujeres contribuyan por igual con nuevas propuestas que fomenten la igualdad de género y el desarrollo sostenible.

El cambio climático y la falta de igualdad de género son dos de los grandes retos a los que nos enfrentamos como especie. Pero, pese a existir un consenso casi planetario acerca de los peligros del primero y, en menor medida, sobre la desfavorable situación de la mujer, a menudo se consideran asuntos independientes. En realidad, sin embargo, están muy interrelacionados, en especial en los países en desarrollo.

El cambio climático nos afecta a todos, pero en mayor medida a las personas y los colectivos más desfavorecidos. Los mayores índices de pobreza y los peores efectos del calentamiento global se dan en las mismas zonas, el sureste asiático y el África subsahariana. Y, en todo el mundo, entre los más desfavorecidos –y por lo tanto, más vulnerables–, las mujeres suelen ser mayoría. De hecho, representan un 70 % de los más pobres del mundo.

 

Las mujeres, mayoría en los colectivos más afectados

Las mujeres son mayoría entre las comunidades más rurales (representan los dos tercios de la fuerza de trabajo en los países menos desarrollados), que están expuestas al aumento de la sequía y la desertización.

Las mujeres rurales producen hasta un 60 % de la comida del hogar, pero raramente son propietarias de la tierra. En la zona subsahariana, representan un 75 % de la fuerza de trabajo, pero solo poseen un 1 % de la tierra, según Oxfam. Y cuando la tienen, en general son terrenos más pequeños y marginales. En la actualidad, el 60 % de las personas que sufren desnutrición son, según el World Economic Forum, mujeres y niños.

Las mujeres son mayoría entre los pobres energéticos obligados a destinar numerosas horas para buscar biomasa para quemar o agua para beber.

En 2016, en el mundo había 1.100 millones de personas sin acceso a la energía. De estos, entre el 50 y el 70 % son mujeres y niños. Por otra parte, un tercio de la población mundial no tiene acceso a instalaciones de cocina limpias y todavía debe usar biomasa sólida para cocinar.

La tarea de recogida de biomasa recae sobre todo en mujeres y niños, que pueden dedicar entre dos y más de veinte horas semanales a recoger madera y aún más horas para cocinar con hornos ineficientes. Como resultado, tienen menos tiempo para estudiar, participar en otras actividades o simplemente descansar. La UNESCO estima que las dos terceras partes de los niños que no van a la escuela son niñas y que una de cada cuatro mujeres jóvenes en países en desarrollo no han completado la primaria, lo que perpetúa el ciclo de marginación. Adicionalmente, sufren una mayor tasa de mortalidad prematura por los ambientes de humo.

Las mujeres son mayoría entre el número de muertos en desastres naturales, como inundaciones o sequías extremas, con catorce veces más de posibilidades de morir.

Los roles de género desempeñan un papel relevante en el incremento del riesgo. Por ejemplo, porque no saben nadar o porque, a menudo, ceden su comida a niños y hombres. Por otro lado, si sobreviven, la investigación parece indicar que durante los fenómenos climáticos extremos se incrementa su carga de trabajo, ya que deben tener cuidado de más dependientes.

Las mujeres serán mayoría entre los 50-200 millones de refugiados climáticos (80 % de mujeres y niños) que, hasta 2050, se prevé que intentarán escapar de los impactos del cambio climático en su entorno.

Solo en 2016, Oxfam estima que 23,5 millones de personas se vieron obligadas a huir a consecuencia de catástrofes climáticas como sequías o lluvias torrenciales.

En general, y genera un entorno más hostil que potencia los conflictos. En los últimos sesenta años se estima que un 40 % de los conflictos intraestatales tenían algún vínculo con los recursos naturales o el medio ambiente.

 

Las mujeres, minoría en los organismos de decisión

En general, los roles de género, las relaciones de poder, los ingresos y los activos redundan en diferentes contribuciones a las emisiones de gases de efecto invernadero y en diferentes grados de vulnerabilidad ante el cambio climático. Así, los impactos climáticos adversos afectan más a las mujeres y acentúan las desigualdades y discriminaciones de género. Sin embargo, las políticas de adaptación y mitigación del cambio climático no tienen en consideración el género.

Estas políticas (como las relativas a la agricultura, la gestión de plagas y enfermedades o la conservación y uso eficiente del agua) son críticas para un desarrollo sostenible. Algunas son beneficiosas tanto para hombres como para mujeres, tales como el acceso a la energía limpia. Otras, como las que afectan al uso de la tierra, pueden acabar intensificando las desigualdades existentes. En general, los desequilibrios entre los ingresos y el acceso a los recursos económicos hacen previsible que la adaptación será mucho más difícil para mujeres y hogares encabezados por mujeres.

Es esencial asegurar que las mujeres puedan acceder al conocimiento, la información y las tecnologías de adaptación y que las políticas se diseñen de manera adecuada a sus circunstancias. Sin embargo, solo un 33 % de las INDC (Intended Nationally Determined Contributions), los compromisos nacionales voluntarios de reducción de emisiones de GEI presentados ante las Naciones Unidas, incluyen explícitamente una dimensión de género y, además, lo hacen solo en países en desarrollo.

Las mujeres, sin embargo, no pueden ser reducidas a un papel de víctimas: su contribución en la adaptación y la mitigación del cambio climático es esencial e imprescindible.

Si tomamos a Europa como muestra, las mujeres están, por lo general, más preocupadas por el cambio climático que los hombres y están más dispuestas a emprender acciones para cambiar.

En este sentido, su participación puede suponer una diferencia. Por ejemplo, en la India, según las Naciones Unidas, el número de proyectos de agua potable es un 62 % más elevado en las áreas con consejos locales dirigidos por mujeres que en los dirigidos por hombres. Por otro lado, según Oxfam, las granjas de países en desarrollo dirigidas por mujeres educadas tienen un 22 % más de productividad.

La necesaria contribución de las mujeres es difícil en un mundo en el que, a pesar de representar cerca de la mitad de la población mundial, están infrarrepresentadas en los organismos de decisión.

La falta de representatividad es general: en 2016 solo un 22,8% del total de parlamentarios nacionales y un 4% de los CEO de las grandes empresas del Fortune 500 eran mujeres. Y en 2011 ocupaban solo un 7% de los ministerios de medio ambiente, energía o recursos naturales y suponían un 3% de los responsables de ciencia y tecnología.

También participan en franca minoría en las Conferencias de las Partes (COP) sobre cambio climático. En la COP23, celebrada el pasado mes de noviembre, las mujeres representaban el 38%.

Es necesario reclamar y fomentar la participación activa de la mujer y proponer nuevas políticas –climáticas y de desarrollo– que contribuyan a transformar las estructuras sociales, productivas, económicas e institucionales de modo que fomenten la igualdad de oportunidades y el desarrollo sostenible.

Hombres y mujeres tienen diferentes necesidades, prioridades y posibilidades a la hora de mitigar los efectos negativos del cambio climático y adaptarse a él. Por este motivo, no podemos desvincular las políticas contra el cambio climático de las políticas de género: las acciones y las políticas sobre el cambio climático no solo serían más efectivas si tuvieran en consideración los aspectos de género, sino que también podrían impulsar una mayor igualdad.

Bibliografía:
Carbon Brief (2018)Analysis: Which countries have sent the most delegates to COP23?
DKV y Ecodes (2017)Cambio climático y salud. Mayor impacto en los más vulnerables, Observatorio salud y medio ambiente.
EIGE (2012)Gender equality and climate change: Main findings.
Environmental Justice Foundation Charitable Trust (2017)Beyond borders: Our changing climate – its role in conflict and displacement.
International Energy Agency (2017)Energy Access Outlook 2017.
Ivanova, Maria (20 de noviembre de 2015). «Paris climate summit: why more women need seats at the table», The Conversation.
UN Women Watch (2009)Women, Gender Equality and Climate Change.
Women’s Environmental Network (2010)Gender and the climate change agenda. The impacts of climate change on women and public policy.
Women and Gender Constituency – WGC (2016). Emissions down – women’s rights up! Gender and Climate Mitigation.
UN WomenClimate change is a women’s issue.

Fuente: CCCLab