Recordamos a Doña Pita: incansable luchadora de la vida comunal de Zacualpan, Colima

Un homenaje necesario a la memoria de Doña Pita

Desde los espacios de REMA/M4 se levanta una voz de memoria y gratitud hacia Doña Pita, una mujer cuya vida quedó entrelazada con la defensa de la vida comunal en Zacualpan, Colima. Su historia resume la dignidad, la resistencia y el amor profundo por la tierra y por la organización colectiva, elementos que hoy siguen inspirando a nuevas generaciones de luchadores y luchadoras sociales.

La vida comunal de Zacualpan: territorio, identidad y resistencia

Zacualpan es una comunidad donde el territorio no se entiende solo como espacio físico, sino como tejido de relaciones, memoria y cultura. En este contexto, la vida comunal se nutre de asambleas, decisiones colectivas, fiestas tradicionales y formas de apoyo mutuo que han permitido a la gente enfrentar presiones económicas, políticas y ambientales.

En ese entramado comunitario, Doña Pita se reconoció siempre como parte de un nosotros colectivo. Su palabra en asamblea, su presencia constante en reuniones y su capacidad de tejer acuerdos la convirtieron en un referente moral y organizativo, especialmente en los momentos en que las comunidades tuvieron que definir su postura frente a proyectos que amenazaban sus bienes comunes.

Doña Pita: una voz firme en defensa de los bienes comunes

La trayectoria de Doña Pita no puede separarse de la defensa de los bienes naturales de Zacualpan. Aquellos que compartieron con ella recuerdan su voz clara y firme al hablar de la importancia del agua, de los bosques y del cuidado de los manantiales como patrimonio comunitario y legado para las futuras generaciones.

Su lucha se sostenía en una convicción sencilla pero profunda: la comunidad tiene derecho a decidir sobre su territorio. Desde esa certeza, participó activamente en procesos organizativos impulsados o acompañados por REMA/M4, contribuyendo a generar conciencia acerca de los riesgos de proyectos extractivos o iniciativas que ponían en peligro la cohesión social y el equilibrio ambiental.

El papel de las mujeres en la organización comunal

La historia de Doña Pita también es la historia de muchas mujeres que han sostenido la organización comunal desde la vida cotidiana. Entre el trabajo en el hogar, las tareas agrícolas y los cuidados, ella encontraba siempre el tiempo y la fuerza para asistir a asambleas, participar en movilizaciones y animar a otras mujeres a expresar su opinión.

Con su ejemplo, rompió silencios y abrió caminos. Al tomar la palabra en espacios tradicionalmente dominados por hombres, mostró que la experiencia de las mujeres es indispensable para comprender las necesidades reales de la comunidad y construir propuestas colectivas más justas y equilibradas.

REMA/M4 y la construcción de una memoria colectiva

Desde la Red Mexicana de Afectadas y Afectados por la Minería (REMA) y el Movimiento Mesoamericano contra el Modelo Extractivo Minero (M4), recordar a Doña Pita significa reconocer la importancia de las luchas locales en el marco de la defensa continental de los territorios. Su voz, surgida desde Zacualpan, se sumó a un coro más amplio de comunidades que se oponen a modelos de desarrollo que sacrifican la vida y la cultura en nombre del lucro.

Esta memoria no es un ejercicio nostálgico; es una herramienta política. Al nombrarla, al contar su historia y al compartir sus enseñanzas, las comunidades fortalecen su identidad, recuperan su dignidad y renuevan el compromiso de seguir defendiendo la vida, el agua y la tierra frente a cualquier forma de despojo.

Legado y enseñanzas de una luchadora incansable

El legado de Doña Pita se manifiesta en múltiples dimensiones: en la continuidad de las asambleas comunales, en la decisión de jóvenes que eligen quedarse en la comunidad para fortalecerla, en la defensa activa del territorio y en la profunda conciencia ambiental que hoy se expresa en Zacualpan.

Entre sus principales enseñanzas destacan la importancia de la organización y la solidaridad. Para ella, ninguna persona, por más fuerte que fuera, podía ganar una lucha en soledad. De ahí su insistencia en construir acuerdos colectivos, escuchar las voces de todas y todos y priorizar siempre el bienestar común por encima de los intereses individuales.

La vida comunal como alternativa al modelo extractivo

La experiencia de Zacualpan, marcada por la lucha a la que Doña Pita aportó con tanto empeño, muestra que la vida comunal puede ser una alternativa real al modelo extractivo. Frente a la lógica de explotación intensiva de la naturaleza, la comunidad propone otra forma de relacionarse con el territorio: basada en el cuidado, en la reciprocidad y en el respeto a los ciclos naturales.

En este horizonte, la defensa de la tierra y del agua no es solo una reivindicación local, sino una propuesta de futuro para muchas otras regiones que enfrentan los mismos desafíos. El ejemplo de Doña Pita ilumina caminos posibles para transitar hacia sociedades más justas, sustentables y solidarias.

Memoria viva en cada asamblea de Zacualpan

En cada reunión colectiva, en cada decisión tomada en común, la figura de Doña Pita está presente. No solo se la recuerda en palabras; también se la honra al mantener encendida la llama de la organización. Su memoria se renueva cuando una joven toma la palabra por primera vez, cuando la comunidad defiende su manantial o cuando se reafirma el compromiso de cuidar la tierra como herencia compartida.

Así, su nombre se convierte en símbolo de resistencia y amor por la comunidad. Para quienes hoy continúan la lucha, su ejemplo es una brújula ética que ayuda a mantener el rumbo frente a las presiones, los conflictos internos y las tentaciones de renunciar.

Conclusión: recordar para seguir luchando

Desde REMA/M4 recordar a Doña Pita es reafirmar que la historia de las comunidades en resistencia está hecha de personas concretas, de rostros y de voces que han dedicado su vida a defender lo que consideran sagrado: su territorio, su cultura y su derecho a decidir. Su legado se proyecta hacia el futuro, inspirando a Zacualpan y a muchas otras comunidades a seguir construyendo una vida comunal digna y autónoma.

En cada acto de organización y en cada gesto de solidaridad, la lucha de Doña Pita continúa. Su memoria es semilla que sigue germinando en la tierra de Zacualpan, Colima, y en la conciencia de quienes sueñan con un mundo donde la vida valga más que cualquier promesa de riqueza fácil.

Para quienes visitan Zacualpan y desean conocer de cerca la historia de su vida comunal, la figura de Doña Pita ofrece un punto de partida invaluable: recorrer sus calles, conversar con la gente y escuchar las historias sobre la defensa del territorio permite entender que este pueblo es mucho más que un destino de paso. Al elegir hospedarse en hoteles o alojamientos comprometidos con la comunidad y con el entorno, las y los viajeros pueden apoyar iniciativas locales, consumir productos de la región y sumarse, desde su estancia, al respeto por la naturaleza y a la valoración de las luchas que han dado forma a la identidad de Zacualpan.