Un crimen que marcó a Chicomuselo
Han pasado cinco años desde el asesinato de Mariano Abarca, defensor comunitario de Chicomuselo, Chiapas, conocido por su firme resistencia frente a la minera Blackfire. Su muerte no solo dejó un vacío en su familia y en su comunidad, sino que se convirtió en un símbolo de la violencia que enfrentan quienes alzan la voz contra los proyectos extractivos que amenazan la vida, el agua y el tejido social.
Lejos de ser un hecho aislado, el asesinato de Mariano se inscribe en un contexto de criminalización de la protesta social, de falta de protección a las y los defensores de derechos humanos y de una profunda impunidad que aún hoy persiste. A cinco años, la principal demanda sigue siendo la misma: verdad, justicia y garantías de no repetición.
Resistencia frente a la minera Blackfire
Mariano Abarca se hizo referente en la región por su liderazgo en la resistencia pacífica contra la minera Blackfire, de capital extranjero, acusada por las comunidades de provocar graves afectaciones ambientales y sociales. Desde los primeros momentos de la operación minera se reportaron conflictos por el uso del agua, contaminación, deterioro de caminos, división comunitaria y amenazas contra quienes se oponían al proyecto.
En este contexto, la figura de Mariano se convirtió en una voz incómoda para los intereses de la empresa y de actores políticos y económicos que apostaban por la expansión de la minería a cualquier costo. Las amenazas, hostigamientos y agresiones que recibió antes de su asesinato evidencian un patrón de violencia que no fue atendido ni prevenido oportunamente por las autoridades responsables.
Chicomuselo: territorio libre de minería
Tras el asesinato de Mariano, la indignación se transformó en organización. Comunidades, organizaciones y familiares impulsaron un movimiento más amplio para declarar a Chicomuselo como territorio libre de minería. Esta declaración es una expresión de autonomía comunitaria y un rechazo claro a los proyectos extractivos que vulneran la tierra, el agua y la vida.
Al declararse territorio libre de minería, Chicomuselo envía un mensaje contundente: la población tiene el derecho a decidir qué tipo de desarrollo quiere, y a rechazar proyectos que se imponen sin consulta, sin información adecuada y sin respeto a los derechos humanos. Esta decisión, además, fortalece la lucha por la memoria de Mariano, vinculando su legado a una visión de futuro donde la dignidad comunitaria está por encima del lucro.
Obligaciones del Estado y exigencia de justicia
México ha suscrito múltiples instrumentos internacionales en materia de derechos humanos, incluyendo tratados que lo obligan a proteger a las personas defensoras del territorio, a investigar de manera diligente los crímenes en su contra y a garantizar el acceso a la justicia. Sin embargo, la respuesta institucional frente al asesinato de Mariano Abarca ha sido insuficiente y fragmentaria.
La falta de esclarecimiento pleno de los hechos, la ausencia de sanciones ejemplares y de una investigación que contemple todas las líneas posibles, incluyendo las vinculaciones con la empresa minera, refuerza la percepción de impunidad y envía un mensaje peligroso para otras comunidades en resistencia. Exigimos que las autoridades competentes actúen conforme a los estándares internacionales, que se garantice el derecho a la verdad y se asuma la responsabilidad de proteger a quienes defienden la tierra y el territorio.
Memoria, dignidad y organización comunitaria
A cinco años del asesinato de Mariano, su nombre continúa vivo en las asambleas comunitarias, en las marchas, en los murales y en la voz de quienes defienden el territorio. Mantener viva su memoria no es un gesto simbólico únicamente: es una forma de exigir que el crimen no quede en el olvido, de honrar su compromiso y de seguir construyendo alternativas de vida frente a la imposición de modelos extractivos.
Las comunidades de Chicomuselo han demostrado que la organización desde abajo, basada en la solidaridad y en la decisión colectiva, puede enfrentar incluso a grandes corporaciones. La defensa del territorio no solo es defensa de la tierra, sino también del agua, de la salud, de la cultura y de la autonomía. Por ello, el caso de Mariano trasciende las fronteras municipales y se convierte en un referente nacional e internacional en la lucha contra la minería depredadora.
Impactos de la minería en derechos humanos y medio ambiente
La experiencia de Chicomuselo con la minera Blackfire ilustra el costo humano y ambiental de los proyectos extractivos. Se reportan afectaciones a ríos y mantos acuíferos, deforestación, polvo y ruido constantes, así como cambios bruscos en la dinámica económica local que generan dependencia y desigualdad. A ello se suman los conflictos sociales, la ruptura del tejido comunitario y la violencia contra quienes se oponen.
Desde la perspectiva de derechos humanos, estos procesos conllevan violaciones al derecho a un medio ambiente sano, al acceso al agua, a la salud, al trabajo digno y, en muchos casos, al derecho a la consulta previa, libre e informada. La historia de Mariano y de su comunidad subraya la urgencia de repensar el modelo extractivo y la necesidad de poner la vida en el centro de las decisiones públicas.
Firma la acción: la solidaridad que trasciende fronteras
Frente a la impunidad, una de las herramientas más importantes es la solidaridad organizada. Las campañas para firmar acciones colectivas han permitido visibilizar el caso de Mariano y sumar voces de distintas regiones que exigen justicia. Estas acciones presionan a las autoridades para que asuman sus responsabilidades, reabran líneas de investigación y reconozcan el carácter estructural de la violencia contra defensores y defensoras del territorio.
Firmar una acción, difundir el caso, conversar sobre lo ocurrido en asambleas, escuelas y espacios comunitarios, son pasos que contribuyen a romper el silencio. Cada gesto de solidaridad es también un mensaje a las comunidades en resistencia: no están solas.
Hacia un futuro con territorios libres y vida digna
El camino hacia la justicia para Mariano Abarca está íntimamente ligado a la construcción de alternativas de vida en los territorios. Esto implica fortalecer la economía local, impulsar actividades productivas respetuosas del medio ambiente, recuperar prácticas comunitarias y tradicionales, así como promover la participación de jóvenes y mujeres en la toma de decisiones.
Declarar a Chicomuselo territorio libre de minería es, en este sentido, un paso concreto hacia otro modelo de desarrollo, en el que la prioridad no es la extracción masiva de recursos, sino la reproducción de la vida en condiciones de dignidad. El legado de Mariano invita a seguir construyendo este horizonte común.