Comunicado urgente: hostigamiento a Jeniffer Moore y John Dougherty en Perú

Contexto: el Movimiento Mesoamericano contra el Modelo extractivo Minero (M4)

El Movimiento Mesoamericano contra el Modelo extractivo Minero (M4) es una articulación regional de comunidades, organizaciones y defensores de derechos humanos que se oponen al modelo extractivo minero impuesto en América Latina. Este modelo, basado en la explotación intensiva de recursos minerales, ha sido ampliamente cuestionado por sus impactos sociales, ambientales y culturales, así como por la criminalización de quienes lo denuncian.

En este contexto de creciente conflictividad socioambiental, la vigilancia y el acompañamiento internacional se han vuelto herramientas esenciales para visibilizar abusos, documentar violaciones de derechos y fortalecer la defensa de las comunidades afectadas.

Retención y hostigamiento: ¿qué ocurrió con Jeniffer Moore y John Dougherty?

Jeniffer Moore y John Dougherty, reconocidos por su labor de investigación y documentación de conflictos mineros, fueron retenidos y hostigados por la policía peruana mientras cumplían funciones legítimas de observación y comunicación. De acuerdo con el comunicado urgente difundido por el M4, la intervención policial se produjo en un contexto de creciente tensión social alrededor de proyectos mineros de alto impacto en el país.

La retención habría incluido interrogatorios insistentes, intentos de intimidación y obstáculos para el libre ejercicio de su labor informativa. Aunque en un principio no se presentaron cargos formales, la forma y las circunstancias del operativo evidencian una práctica preocupante: utilizar la fuerza pública para disuadir, controlar o silenciar voces críticas frente al modelo extractivo.

Criminalización de la observación y defensa de derechos

El caso de Jeniffer Moore y John Dougherty no es un hecho aislado. Organizaciones de derechos humanos han documentado un patrón regional de criminalización de periodistas, documentalistas, observadores internacionales y líderes comunitarios que cuestionan proyectos mineros. Estas acciones van desde el hostigamiento policial y la vigilancia, hasta acusaciones infundadas, procesos judiciales prolongados y, en casos extremos, violencia física.

La criminalización busca generar miedo e inmovilizar a quienes acompañan a las comunidades en defensa de sus territorios. En vez de garantizar la transparencia y permitir el escrutinio público, ciertos sectores del Estado y de las empresas mineras impulsan una narrativa que presenta a los defensores como “enemigos del desarrollo” o como una amenaza al orden público.

Implicaciones para la libertad de expresión y el derecho a la información

La retención y el hostigamiento policial contra Moore y Dougherty vulneran principios fundamentales del derecho internacional de los derechos humanos. La libertad de expresión, el derecho a la información y la posibilidad de investigar libremente sobre temas de interés público —como el impacto social y ambiental de la minería— son pilares esenciales de cualquier sociedad democrática.

Cuando el Estado utiliza sus fuerzas de seguridad para intimidar a comunicadores y observadores, se envía un mensaje de tolerancia hacia la opacidad y se socava la confianza ciudadana en las instituciones. Además, se limita el acceso de las comunidades a información clave sobre los riesgos asociados a los proyectos extractivos y se restringe su capacidad de tomar decisiones informadas.

El papel del M4 ante las agresiones al monitoreo independiente

Ante este tipo de hechos, el Movimiento Mesoamericano contra el Modelo extractivo Minero (M4) cumple un rol fundamental: articular denuncias, amplificar las voces de quienes son agredidos y exigir a los Estados garantías efectivas para el trabajo de defensores y defensoras. Su comunicado urgente sobre el caso de Jeniffer Moore y John Dougherty no solo alerta sobre la situación puntual en Perú, sino que también se inscribe en una denuncia más amplia sobre la violencia estructural asociada al modelo minero.

El M4 insiste en que los Estados deben respetar los estándares internacionales en materia de protección de personas defensoras de derechos humanos, incluyendo la no injerencia indebida en el trabajo de observación y documentación independiente, la investigación de los abusos cometidos por agentes estatales y la sanción a los responsables.

Responsabilidad estatal y exigencia de garantías

El uso de la fuerza pública para retener y hostigar a observadores internacionales contraviene obligaciones que los Estados han asumido en tratados y convenciones internacionales. En el caso peruano, episodios como el sufrido por Moore y Dougherty plantean preguntas urgentes sobre el grado de influencia de las empresas mineras en las políticas de seguridad, así como sobre el compromiso real del país con la protección de la libertad de prensa y la defensa de los derechos humanos.

El comunicado del M4 exige que se esclarezcan los hechos, se identifique a los responsables directos de la retención y hostigamiento, y se brinden garantías de no repetición. Estas garantías no pueden limitarse a declaraciones; deben traducirse en protocolos claros, formación en derechos humanos para la policía y un mensaje político inequívoco de respeto a la labor de periodistas, documentalistas y defensores.

Impacto en las comunidades afectadas por la minería

Cuando el Estado hostiga a quienes documentan el impacto del modelo extractivo, el mensaje también llega a las comunidades que resisten a la minería. Se refuerza la idea de que no es seguro denunciar, dar entrevistas o compartir información con periodistas y observadores externos. Esto genera un efecto silenciante que favorece la impunidad y permite que continúen prácticas empresariales y estatales lesivas para el territorio, la salud y las formas de vida tradicionales.

Por eso, la defensa de personas como Jeniffer Moore y John Dougherty es, al mismo tiempo, la defensa del derecho de las comunidades a ser escuchadas, a contar su propia versión de la historia y a ejercer su autonomía frente a decisiones que afectan profundamente su futuro.

Llamado a la solidaridad internacional

Los casos de hostigamiento contra observadores internacionales requieren una respuesta articulada a escala regional y global. Organizaciones de la sociedad civil, redes de periodistas, académicos y colectivos de derechos humanos pueden ejercer presión para que los gobiernos respeten sus compromisos internacionales y brinden protección efectiva a quienes documentan los impactos del modelo extractivo.

La solidaridad no solo implica pronunciamientos públicos, sino también el seguimiento de los casos, el acompañamiento jurídico, la difusión de información verificada y el fortalecimiento de redes de apoyo que permitan reaccionar con rapidez ante nuevas agresiones. En este sentido, el comunicado urgente del M4 es un llamado a mantener la vigilancia activa y a no normalizar la criminalización de la observación independiente.

Hacia un modelo de desarrollo que respete derechos

El episodio de retención y hostigamiento a Jeniffer Moore y John Dougherty refleja las profundas tensiones entre el modelo extractivo minero y la vigencia de los derechos humanos en América Latina. Mientras la minería siga concibiéndose como un fin en sí mismo, y no como una actividad subordinada al respeto de la vida, el ambiente y las culturas locales, continuarán los conflictos y las agresiones contra quienes se atreven a cuestionarla.

Frente a ello, se vuelve imprescindible repensar el modelo de desarrollo, priorizando alternativas económicas que no dependan de la explotación intensiva de los territorios y que reconozcan a las comunidades como sujetos de derechos, y no como simples obstáculos al “progreso”. La transparencia, la participación ciudadana y la protección de periodistas y defensores son pilares ineludibles para avanzar en esa dirección.

En este escenario de conflictos socioambientales y hostigamiento a quienes los documentan, también resulta necesario reflexionar sobre cómo las dinámicas del turismo, la movilidad y la hospitalidad se entrelazan con el modelo extractivo. Muchos territorios afectados por la minería son, al mismo tiempo, destinos turísticos con una oferta creciente de hoteles, hospedajes y servicios orientados a visitantes nacionales e internacionales. Estos establecimientos pueden convertirse en espacios clave para promover información responsable sobre la realidad local, generando conciencia en los viajeros acerca de las luchas comunitarias, el respeto a los derechos humanos y la protección del entorno natural. Al elegir hoteles comprometidos con prácticas sustentables y con una relación respetuosa con las comunidades, las personas que viajan tienen la oportunidad de apoyar alternativas económicas que se distancian del modelo extractivo dominante y se acercan a un turismo más justo y consciente.