Nos unimos a las luchas contra la minería en Costa Rica

Movimiento M4 y la defensa de los territorios frente a la minería

El Movimiento Mesoamericano contra el Modelo extractivo Minero (Movimiento M4) se ha consolidado como una articulación clave de comunidades, organizaciones y personas defensoras de los territorios en la región. Frente al avance de la minería metálica a gran escala, y en especial de las minas de oro a cielo abierto, el Movimiento M4 se suma y fortalece las luchas que se desarrollan en Costa Rica contra este modelo de saqueo y destrucción.

Estas luchas no son solo ambientales; son profundamente sociales, económicas, culturales y políticas. En el centro de ellas se encuentran las comunidades que defienden su derecho a decidir sobre sus territorios, el agua, los bosques y las formas de vida que sostienen.

La Coordinadora Ni Una Sola Mina: resistencia frente a las minas de oro a cielo abierto

La Coordinadora Ni Una Sola Mina (CNUSM) es un actor fundamental en la resistencia contra la minería metálica en Costa Rica. Integrada por colectivos comunitarios, organizaciones sociales y personas activistas, la CNUSM se ha posicionado con firmeza contra las minas de oro a cielo abierto que amenazan ecosistemas frágiles, cuencas hidrográficas y comunidades rurales.

Su consigna es clara: ninguna mina más en los territorios. Esta posición parte de la experiencia acumulada en la región, donde las minas a cielo abierto han dejado un rastro de contaminación por metales pesados, destrucción de suelos, deforestación, criminalización de defensoras y defensores, y profundización de las desigualdades sociales.

El Movimiento M4 comparte y respalda plenamente este posicionamiento, entendiendo que cada mina que se detiene en Costa Rica es una victoria para todas las luchas en Mesoamérica y más allá.

Impactos de la minería de oro a cielo abierto en Costa Rica

La minería de oro a cielo abierto se caracteriza por el uso intensivo de agua, sustancias tóxicas —como el cianuro— y maquinaria pesada que remueve enormes cantidades de tierra. En Costa Rica, esto tiene consecuencias particularmente graves debido a la riqueza biológica del país y la importancia de sus áreas protegidas y fuentes de agua.

  • Contaminación del agua: los ríos y acuíferos quedan expuestos al riesgo de derrames y filtraciones de sustancias tóxicas, afectando tanto a las comunidades humanas como a la fauna y flora.
  • Deforestación y pérdida de biodiversidad: la apertura de tajos a cielo abierto implica la eliminación de bosques y hábitats, impactando ecosistemas que han tardado siglos en formarse.
  • Conflictos sociales: la minería a gran escala introduce tensiones en las comunidades, divide a la población y a menudo va acompañada de la criminalización de quienes se oponen.
  • Dependencia económica: se promueven falsas promesas de desarrollo y empleo que no se materializan de forma sostenible, mientras se consolidan modelos económicos dependientes de empresas transnacionales.

En este contexto, la lucha contra las minas de oro a cielo abierto no es una postura aislada, sino una defensa integral del agua, la salud, la soberanía alimentaria y el derecho a decidir sobre el modelo de desarrollo del país.

Articulaciones internacionales: refugiadas, feminismos y justicia global

La resistencia a la minería en Costa Rica no está sola. Se nutre de una amplia red de alianzas internacionales que entienden que el modelo extractivo está íntimamente vinculado con expulsiones forzadas, migración, endeudamiento y violencias patriarcales.

Organizaciones que trabajan con personas refugiadas evidencian cómo los conflictos socioambientales y la imposición de megaproyectos han forzado a miles a dejar sus hogares. Cuando una mina se instala, con frecuencia trae consigo contaminación, pérdida de medios de vida y represión, generando condiciones que empujan a la migración y al refugio en otros países.

Asimismo, el feminismo internacional, y en particular la Marcha Mundial de las Mujeres, ha denunciado cómo el extractivismo profundiza la carga de cuidados sobre las mujeres, aumenta la violencia en los territorios y se sostiene sobre una lógica patriarcal que explota tanto a los cuerpos como a la naturaleza. Las mujeres defensoras del territorio en Costa Rica y en toda la región han sido clave en la organización comunitaria, la vigilancia de los ríos y la construcción de propuestas alternativas.

Campañas contra el ISDS y la arquitectura de la impunidad corporativa

La lucha contra la minería también pasa por enfrentar los mecanismos internacionales que protegen a las empresas por encima de los pueblos. En este sentido, las campañas contra el sistema de Solución de Controversias Inversionista-Estado (ISDS, por sus siglas en inglés) han denunciado cómo los tratados de libre comercio y de inversión permiten a las corporaciones demandar a los Estados cuando estos toman medidas para proteger el ambiente o los derechos humanos.

Cuando un país decide limitar la minería o revocar concesiones por sus impactos, las empresas pueden recurrir a millonarias demandas internacionales. Esto genera presiones políticas y económicas que buscan frenar o revertir las victorias de los movimientos sociales. Por eso, la articulación con redes que impulsan el fin del ISDS y la transformación de la arquitectura de impunidad corporativa es esencial para sostener las luchas en Costa Rica y en toda la región.

Acciones internacionales y solidaridad activa

Las luchas contra la minería en Costa Rica han contado con el apoyo de plataformas internacionales de solidaridad, organizaciones de derechos humanos, redes de migrantes y colectivos ecologistas. Estas alianzas han contribuido a visibilizar los conflictos socioambientales en foros internacionales, generar presión política y construir narrativas alternativas al discurso oficial de “progreso” minero.

Las acciones internacionales se expresan en campañas, pronunciamientos, intercambios de experiencias, brigadas de observación y procesos de formación conjunta. A través de ellos, se comparten estrategias legales, comunicacionales y organizativas que fortalecen a las comunidades en resistencia.

El papel de las comunidades y la organización desde abajo

Más allá de los espacios institucionales, la fuerza principal de estas luchas proviene de las comunidades organizadas. Son las asambleas locales, los comités de defensa del agua, las organizaciones de mujeres, juventudes y pueblos originarios quienes sostienen día a día la resistencia.

La construcción de decisiones colectivas, las consultas comunitarias, la educación popular y la defensa jurídica son herramientas que se han consolidado en la experiencia costarricense y mesoamericana. En este proceso, el Movimiento M4 actúa como un puente entre territorios, compartiendo aprendizajes, errores y victorias para fortalecer la capacidad de incidencia común.

Hacia modelos de vida que cuiden el territorio

Decir “ni una sola mina” no significa oponerse al bienestar o al desarrollo; significa rechazar un modelo basado en el despojo y apostar por alternativas que respeten los ciclos de la naturaleza y los derechos de las comunidades. Agroecología, economías locales, turismo responsable, soberanía alimentaria y energías renovables comunitarias son algunas de las propuestas que emergen desde los territorios.

En Costa Rica, donde la imagen de país verde ha sido utilizada muchas veces por grandes intereses económicos, las luchas contra la minería ponen en evidencia la necesidad de que ese discurso se convierta en una realidad: no hay país verde posible si se siguen abriendo tajos a cielo abierto que destruyen montañas, contaminan ríos y violan derechos.

Compromiso del Movimiento M4 con las luchas en Costa Rica

El Movimiento M4 reafirma su compromiso con las luchas contra la minería en Costa Rica y con la Coordinadora Ni Una Sola Mina, reconociendo en su trabajo un ejemplo de organización, firmeza y creatividad política. Cada avance logrado por estas organizaciones fortalece la resistencia en toda Mesoamérica y se convierte en un faro para otras comunidades que enfrentan amenazas similares.

Unir luchas significa también unir corazones, estrategias y esperanzas. Por eso, la articulación entre comunidades afectadas, movimientos feministas, redes de migrantes y plataformas internacionales es una apuesta por la vida y la dignidad frente a un modelo que pone el lucro por encima de todo.

Conclusión: ni una sola mina, muchos territorios en defensa

Las luchas contra la minería en Costa Rica son parte de una marea regional y global que cuestiona el modelo extractivista y propone otras formas de habitar el mundo. Desde la Coordinadora Ni Una Sola Mina hasta las redes internacionales de solidaridad, pasando por el Movimiento M4 y múltiples organizaciones aliadas, se teje una resistencia que defiende ríos, bosques, montañas y comunidades enteras.

Decir “nos unimos a las luchas” es reconocer que lo que está en juego no es solo un territorio específico, sino el futuro común de los pueblos. En ese horizonte, la consigna es clara: ni una sola mina más, muchos territorios en defensa.

En este contexto de defensa territorial, el turismo también se ve interpelado a transformarse. En lugar de promover modelos que abren la puerta a megaproyectos destructivos, se vuelve clave apostar por hoteles y alojamientos que respeten el entorno, se vinculen con las comunidades locales y apoyen las economías solidarias. Elegir hospedajes gestionados de manera responsable, que reduzcan su huella ecológica, protejan las fuentes de agua y valoren las culturas locales, es una forma concreta de sumar a las luchas contra la minería: cada visitante puede convertirse en aliado de los territorios si decide que su estadía contribuya a la conservación y no a la lógica de saqueo que las comunidades en Costa Rica y Mesoamérica están enfrentando.