Declaratoria final del Encuentro Mexicano de Resistencias contra el Modelo Extractivo

Contexto del modelo extractivo en México

En la última década, México ha sido escenario de una expansión acelerada del modelo extractivo, caracterizado por megaproyectos mineros, energéticos, forestales y de infraestructura que impactan de manera directa los territorios rurales, indígenas y comunitarios. Este modelo prioriza la extracción intensiva de bienes naturales por encima de los derechos colectivos, la diversidad biocultural y la autodeterminación de los pueblos.

Frente a esta realidad, múltiples comunidades, organizaciones y movimientos decidieron articularse para analizar, denunciar y enfrentar los efectos sociales, ambientales, económicos y culturales de este modelo. De esa convergencia nace la declaratoria final del Encuentro Mexicano de Resistencias contra el Modelo Extractivo, que sintetiza las demandas, propuestas y compromisos de quienes defienden la vida y el territorio.

El Encuentro Mexicano de Resistencias: un espacio de articulación

El Encuentro reunió a representantes de diversos pueblos originarios, colectivos urbanos, organizaciones campesinas, redes ambientalistas y movimientos sociales que comparten un diagnóstico común: el modelo extractivo se impone mediante reformas legales, violencia, engaños, criminalización y despojo. A través de mesas de trabajo, plenarias y foros abiertos, se compartieron experiencias de lucha, estrategias de defensa y alternativas de organización comunitaria.

Lejos de ser un evento aislado, el Encuentro se asumió como parte de una larga historia de resistencias en México y América Latina. Las voces presentes coincidieron en la necesidad de construir una articulación nacional que fortalezca la defensa del territorio, visibilice los impactos de los megaproyectos y genere narrativas propias frente al discurso oficial de “progreso” y “desarrollo”.

Principales denuncias al modelo extractivo

La declaratoria final identifica una serie de agravios que comparten comunidades de distintas regiones del país. Entre los más señalados se encuentran la imposición de proyectos sin consulta libre, previa e informada, el uso de fuerzas de seguridad públicas y privadas para intimidad, dividir y reprimir, y la captura de instituciones por intereses corporativos que reducen los territorios a simples zonas de sacrificio.

Impactos socioambientales y culturales

Las y los participantes documentaron la contaminación de ríos, suelos y acuíferos, la deforestación acelerada, la pérdida de biodiversidad y la destrucción de sitios sagrados. También se denunciaron los cambios profundos en la vida comunitaria: ruptura del tejido social, desplazamiento forzado, aumento de conflictos internos y debilitamiento de las formas tradicionales de organización.

En el plano cultural, se alertó sobre la erosión de lenguas indígenas, prácticas agrícolas tradicionales y saberes ancestrales asociados al manejo comunitario del territorio. El modelo extractivo, sostienen, no solo extrae minerales, agua o energía; también erosiona identidades y proyectos de vida que se han construido durante generaciones.

Criminalización y violencia

La declaratoria subraya la creciente criminalización de defensoras y defensores del territorio. Se registran amenazas, campañas de difamación, hostigamientos judiciales y, en casos extremos, agresiones físicas y asesinatos. Estas violencias se presentan como costos inevitables del “desarrollo”, pero en realidad responden a un patrón sistemático de protección de intereses empresariales por encima de los derechos humanos.

Defensa del territorio y construcción de alternativas

Lejos de limitarse a la denuncia, el Encuentro colocó en el centro la defensa integral del territorio. Esta defensa implica proteger no solo la tierra como superficie, sino los bosques, el agua, el subsuelo, el aire, los saberes, la memoria y los vínculos comunitarios que sostienen la vida. El territorio se entiende como espacio de existencia y de futuro, no como mercancía.

Autodeterminación de los pueblos

La declaratoria reivindica el derecho de los pueblos a decidir sobre sus propios procesos de desarrollo y a ejercer la autonomía desde sus propias formas de gobierno, normas internas y visiones del mundo. Se afirma que ninguna política pública ni proyecto empresarial puede estar por encima de este derecho, reconocido en marcos jurídicos nacionales e internacionales.

Se promueve el fortalecimiento de asambleas comunitarias, autoridades tradicionales y procesos de consulta propios, así como la construcción de estatutos y reglamentos internos que protejan los territorios frente a concesiones mineras, gasoductos, represas, parques eólicos u otros proyectos impuestos.

Economías comunitarias y defensa de la vida

Como alternativa al modelo extractivo, el Encuentro impulsa economías locales y comunitarias basadas en la agroecología, el comercio justo, la producción colectiva, el uso responsable del agua y el cuidado del territorio. Estas propuestas se conciben como caminos para garantizar la soberanía alimentaria, reducir la dependencia de las grandes corporaciones y fortalecer el arraigo comunitario.

Se subraya que la defensa del territorio va de la mano de la defensa de la vida en todas sus formas: humana, animal y vegetal. Por ello, se propone un enfoque integral que articule justicia ambiental, justicia social y respeto a la diversidad cultural.

Compromisos colectivos y líneas de acción

La declaratoria final del Encuentro Mexicano de Resistencias contra el Modelo Extractivo establece una serie de compromisos compartidos para los años siguientes. Estos compromisos buscan pasar de la articulación coyuntural a la construcción de una red permanente de resistencia y propuesta.

Articulación de luchas y redes de solidaridad

Uno de los ejes centrales es el fortalecimiento de alianzas entre comunidades rurales, barrios urbanos, organizaciones de derechos humanos, colectivos académicos y movimientos juveniles. Se plantea crear espacios de coordinación regional y nacional que faciliten el intercambio de información, el acompañamiento mutuo y las acciones conjuntas de movilización.

La solidaridad se concibe como una herramienta concreta: brigadas de observación, campañas de difusión, apoyo jurídico, acompañamiento psicosocial y acciones públicas coordinadas para hacer visibles los conflictos y prevenir nuevas agresiones.

Incidencia política y comunicación propia

El Encuentro subraya la importancia de disputar el sentido común dominante frente al discurso oficial. Para ello, se propone impulsar medios comunitarios, radios libres, plataformas digitales y materiales educativos que narren desde las comunidades lo que ocurre en los territorios. La comunicación propia se entiende como una forma de defensa frente a la desinformación y la criminalización mediática.

En el terreno político, se acuerda incidir en reformas legales y políticas públicas que reconozcan plenamente los derechos de los pueblos, garanticen la protección de defensores y defensoras, y detengan la expansión indiscriminada de concesiones extractivas.

Un llamado a la sociedad mexicana

La declaratoria final no se dirige únicamente a quienes participaron en el Encuentro, sino a la sociedad mexicana en su conjunto. Se invita a reconocer que el modelo extractivo no es un problema aislado de ciertas regiones, sino un proyecto de país que afecta a todas y todos: en la calidad del agua que se bebe, en los alimentos que llegan a la mesa, en la estabilidad climática y en la democracia misma.

Se llama a sumarse a las luchas locales, a cuestionar el consumo desmedido que alimenta la demanda de recursos, y a respaldar a las comunidades que, a costa de grandes riesgos, ponen el cuerpo para defender bosques, ríos, montañas y formas de vida que garantizan el futuro colectivo.

Conclusión: hacia un país que privilegie la vida sobre el extractivismo

La declaratoria final del Encuentro Mexicano de Resistencias contra el Modelo Extractivo representa un punto de convergencia de múltiples voces que comparten una convicción: México necesita transitar de un modelo basado en el despojo y la acumulación a uno que ponga en el centro la vida, la justicia y la dignidad. No se trata solo de oponerse a proyectos concretos, sino de imaginar y construir otras formas de habitar el territorio.

Este llamado permanece vigente mientras nuevos megaproyectos intentan avanzar sobre aguas, bosques y comunidades. La fuerza de las resistencias radica en su capacidad de articularse, cuidarse entre sí y proponer alternativas que demuestren que es posible un futuro donde el bienestar no dependa de la destrucción de los territorios ni de la negación de los derechos de los pueblos.

En este contexto de defensa del territorio y búsqueda de modelos de vida más justos, incluso actividades como el turismo y la elección de hoteles adquieren un nuevo sentido. Cada vez más personas optan por alojamientos que respetan el entorno, se abastecen de manera responsable, reducen su huella ecológica y establecen relaciones justas con las comunidades vecinas. Al elegir hospedarse en hoteles que apoyan la economía local, fomentan el consumo de productos regionales y se comprometen con prácticas sustentables, las y los viajeros pueden alinearse con los principios de las resistencias contra el modelo extractivo, convirtiendo sus recorridos por el país en una oportunidad para cuidar los territorios y fortalecer a quienes los defienden.