La energía de 4 B’atz’: un día de resistencia y reordenamiento
En el calendario sagrado maya, 4 B’atz’ simboliza el hilo del tiempo, el tejido de la vida y la memoria colectiva de los pueblos. En esta energía se inspira la jornada de resistencia de los pueblos indígenas que, desde la profundidad de su cosmovisión, reafirman su compromiso con la defensa del territorio, la vida y la dignidad. Lejos de ser una fecha simbólica sin contenido, 4 B’atz’ se convierte en un momento de reorganización, reflexión y acción para las comunidades que enfrentan amenazas extractivas y políticas de despojo.
Los pueblos Maya K’iche’, Mam y Kaqchikel: raíces vivas de Mesoamérica
Los pueblos Maya K’iche’, Mam y Kaqchikel forman parte de la columna vertebral histórica y cultural de Mesoamérica. Sus idiomas, ceremonias, formas de organización comunitaria y conocimientos ancestrales continúan vivos a pesar de siglos de colonización, racismo estructural y violencia estatal. Estos pueblos han demostrado que la resistencia no solo se expresa en las calles y en las asambleas, sino también en la persistencia de sus prácticas espirituales, en la defensa de sus territorios y en la transmisión de saberes a nuevas generaciones.
En este contexto, la Asamblea Nacional del Consejo del Pueblo Maya adquiere un papel fundamental como espacio de articulación política, social y espiritual. Desde allí se formulan declaraciones colectivas que no solo denuncian injusticias, sino que proponen caminos propios de futuro basados en el Buen Vivir, la autonomía y el respeto a la Madre Tierra.
Movimiento Mesoamericano contra el Modelo Extractivo Minero
El Movimiento Mesoamericano contra el Modelo Extractivo Minero se ha consolidado como una plataforma regional que articula organizaciones, comunidades y pueblos que enfrentan los impactos de la minería metálica e industrial. Este modelo extractivista no solo provoca contaminación de ríos y suelos, desplazamiento forzado y destrucción de ecosistemas, sino que además vulnera derechos colectivos fundamentales: el derecho al territorio, al agua, a la consulta previa, libre e informada y a la libre determinación de los pueblos.
La Declaración de la Asamblea Nacional del Consejo del Pueblo Maya se inscribe precisamente en esta lucha continental. Al rechazar el modelo extractivo minero, las comunidades no se oponen al desarrollo, sino a una forma impuesta de desarrollo que privilegia la acumulación de capital por encima de la vida. Proponen, en cambio, alternativas basadas en economías comunitarias, agricultura sostenible, cuidado del agua y fortalecimiento de las instituciones propias de gobierno indígena.
La jornada del 18 de octubre de 2016: memoria y continuidad
El 18 de octubre de 2016, la Asamblea Nacional del Consejo del Pueblo Maya hizo pública una declaración que recoge la voz de múltiples comunidades y autoridades ancestrales. Esta fecha se ha convertido en un hito para la memoria colectiva, pues marca un momento en que los pueblos mayas articularon de manera contundente su rechazo a las políticas extractivas y su exigencia de respeto a los derechos históricos sobre sus territorios.
En aquella jornada, se reafirmó que la resistencia indígena no es un hecho aislado ni coyuntural, sino un proceso continuo que se enlaza con las luchas de generaciones pasadas. La Declaración no solo señaló a empresas mineras y gobiernos que facilitan concesiones sin consulta, sino que también visibilizó la criminalización de líderes comunitarios, la militarización de comunidades y las estrategias de división social que acompañan al modelo extractivista.
Derechos colectivos y libre determinación
La Declaración de la Asamblea Nacional del Consejo del Pueblo Maya reivindica con fuerza el derecho a la libre determinación de los pueblos indígenas. Este derecho implica que las comunidades tienen la facultad de decidir sobre sus formas de vida, sus modelos de desarrollo, el uso de sus recursos naturales y la relación con el Estado y las empresas privadas.
Uno de los ejes centrales de la Declaración es la exigencia de respeto a la consulta previa, libre e informada, de acuerdo con estándares internacionales. Sin embargo, las comunidades enfatizan que la consulta, tal como la conciben los pueblos mayas, va más allá de un mero procedimiento administrativo: es un ejercicio profundo de deliberación comunitaria, acompañado por autoridades ancestrales y guiado por la espiritualidad y el conocimiento tradicional.
Territorio, espiritualidad y defensa de la vida
Para los pueblos Maya K’iche’, Mam y Kaqchikel, el territorio no es únicamente un espacio físico; es un tejido vivo que integra montañas, ríos, bosques, animales, ancestros y generaciones futuras. La Declaración subraya que dañar el territorio es atentar contra la vida misma, romper el equilibrio y desequilibrar el orden sagrado del cosmos.
Por eso, la defensa territorial es también un acto espiritual. Las ceremonias con fuego sagrado, el reconocimiento de los Nawales, la palabra de los guías espirituales y el respeto a los sitios sagrados se integran en la lucha política. 4 B’atz’ se convierte en un recordatorio de que la resistencia no solo se libra en el plano material, sino también en el espiritual y simbólico.
Resistencia pacífica y criminalización
La Declaración denuncia la criminalización de líderes comunitarios, autoridades indígenas y defensores y defensoras del territorio. En muchos casos, quienes participan en consultas comunitarias, asambleas o acciones de resistencia pacífica son perseguidos judicialmente, estigmatizados en los medios y objeto de amenazas y agresiones.
Frente a esto, la Asamblea Nacional del Consejo del Pueblo Maya reafirma su compromiso con la resistencia pacífica, la organización comunitaria y la construcción de modelos propios de justicia. Se exige el cese de la persecución, la liberación de presos políticos y el reconocimiento de las autoridades ancestrales como actores legítimos en la toma de decisiones.
Unidad de los pueblos y articulación mesoamericana
La jornada de resistencia y la Declaración ponen de manifiesto la importancia de la unidad de los pueblos indígenas, campesinos y sectores populares. La lucha de los pueblos Maya K’iche’, Mam y Kaqchikel se enlaza con las resistencias de otros pueblos de Mesoamérica que también enfrentan proyectos mineros, hidroeléctricos, monocultivos y megaproyectos de infraestructura.
La articulación con el Movimiento Mesoamericano contra el Modelo Extractivo Minero permite compartir experiencias, estrategias jurídicas, acciones de incidencia internacional y mecanismos de protección colectiva. Esta dimensión regional fortalece las posibilidades de incidir en políticas públicas y de cuestionar, de manera coordinada, la lógica extractiva impuesta por corporaciones transnacionales.
Hacia un futuro de Buen Vivir
La Declaración de la Asamblea Nacional del Consejo del Pueblo Maya no se limita a la denuncia; también perfila una visión de futuro. El Buen Vivir, entendido como una vida en equilibrio con la naturaleza, con justicia social, identidad cultural y participación comunitaria, se presenta como horizonte político y espiritual. Esta propuesta se opone a la idea de progreso basada en la explotación ilimitada de la naturaleza y en la concentración de la riqueza.
El llamado es a construir sociedades donde los pueblos indígenas no sean vistos como obstáculos al desarrollo, sino como portadores de conocimientos indispensables para enfrentar la crisis climática, la pérdida de biodiversidad y las profundas desigualdades sociales que atraviesan la región.
Conclusiones: 4 B’atz’ como hilo de memoria y esperanza
En la energía de 4 B’atz’, la Declaración de la Asamblea Nacional del Consejo del Pueblo Maya se reafirma como un documento vivo, tejido de voces colectivas que reclaman justicia, respeto y dignidad. Los pueblos Maya K’iche’, Mam y Kaqchikel, junto con otros pueblos de Mesoamérica, sostienen una resistencia que enlaza pasado y futuro, memoria y esperanza, territorio y espiritualidad.
La defensa frente al modelo extractivo minero no es solo una lucha sectorial, sino una apuesta por otro modo de habitar el mundo. En cada río protegido, en cada consulta comunitaria, en cada asamblea y en cada ceremonia se va renovando el compromiso con la vida. Ese es el mensaje que se desprende de esta jornada de resistencia y de la Declaración: los pueblos están de pie, organizados y decididos a trenzar, hilo por hilo, el tejido de un futuro más justo para todas y todos.